Especialistas advierten sobre la diabulimia, una conducta de riesgo en personas con diabetes tipo 1, y analizan el uso de medicamentos como Ozempic, destacando la importancia del control médico.
El debate sobre la pérdida de peso se ha intensificado en el ámbito de la salud con la aparición de medicamentos como Ozempic. Sin embargo, los expertos señalan que no todos los casos están relacionados con la obesidad o trastornos alimentarios comunes. En este contexto, surge una condición menos conocida: la diabulimia.
Según la Clínica Cleveland, la diabulimia, también descrita como trastorno alimentario en diabetes tipo 1, ocurre cuando una persona omite o reduce la insulina con el objetivo de adelgazar. Sin esta hormona, el organismo no puede usar la glucosa como energía y comienza a consumir grasa y masa muscular. Este proceso puede derivar en pérdida de peso, pero también en un cuadro de «hambre metabólica», donde el cuerpo queda sin acceso al combustible que necesita, incluso si la persona sigue comiendo. Como resultado, aumenta el azúcar en sangre, aparecen cetonas y se activa una cadena de complicaciones.
«La diabulimia puede causar complicaciones graves y requiere tratamiento médico», advirtió la entidad. Entre las señales más frecuentes se encuentran el control obsesivo del peso, el ocultamiento del manejo de la insulina y la preocupación excesiva por la imagen corporal. A mediano y largo plazo, puede haber daño renal, neuropatía, problemas visuales, deshidratación y deterioro físico progresivo.
A diferencia del uso de medicamentos para bajar de peso en pacientes con obesidad o diabetes tipo 2, la diabulimia no es una estrategia terapéutica, sino una conducta de alto riesgo.
Por otro lado, el Ozempic, cuyo principio activo es la semaglutida, fue aprobado para diabetes tipo 2 en 2017 por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA). Pertenece al grupo de agonistas GLP-1, fármacos que imitan una hormona intestinal vinculada con la saciedad y la regulación de la glucosa. Su expansión pública se produjo por su efecto sobre el apetito y el peso corporal.
De acuerdo con el prospecto, es un medicamento recetado y su uso debe estar estrictamente bajo tratamiento y supervisión médica. Aunque está aprobado principalmente para mejorar el azúcar en sangre en adultos con diabetes tipo 2, los médicos pueden recetarlo «fuera de indicación» para la pérdida de peso, pero siempre bajo su guía. Se administra mediante una inyección subcutánea una vez a la semana.
«Es eficaz en el tratamiento de varias enfermedades crónicas, incluida la obesidad», detalló la Clínica Cleveland. El principal foco de preocupación médica no está solo en la eficacia para adelgazar, sino en el perfil del paciente que recibe el tratamiento. En personas con antecedentes de trastornos alimentarios, un medicamento que disminuye el hambre puede agravar el cuadro en lugar de resolverlo.
«Muchas personas con trastorno por atracón buscan ayuda en programas de pérdida de peso en lugar de buscar tratamiento para su trastorno alimentario», dijo Alexis Conason, psicóloga especializada en el tema, a la revista Time. Especialistas en salud mental plantean que los fármacos del grupo GLP-1 pueden reducir el impulso de comer, pero no corrigen por sí solos la ansiedad, el trauma, la obsesión corporal ni los mecanismos psicológicos de fondo.
Ese riesgo es aún más delicado en personas con diabetes tipo 1. La información disponible subraya que Ozempic no está indicado como tratamiento estándar para ese grupo y que el manejo de la insulina sigue siendo central.
