La actriz profundiza en el proceso de creación de Érica, un personaje que evoluciona a lo largo de la trilogía ‘Autoengaño’ de Néstor Mazzini, donde la violencia se construye desde la acumulación de gestos y silencios.
La película La mujer del río, dirigida por Néstor Mazzini, se aleja del impacto explícito para trabajar en un registro de incomodidad persistente. La violencia no se presenta como un estallido, sino como una acumulación de gestos, silencios y decisiones que se sedimentan. En este marco, la actriz Andrea Carballo da vida a Érica, un personaje con una historia previa que carga marcas implícitas.
Carballo no abordó el personaje desde cero, ya que Érica forma parte de la trilogía Autoengaño de Mazzini. «Cuando vuelvo a ella, ya hay una memoria, hay conductas, hay una forma de estar», explicó la actriz. «Esos silencios no son silencios ‘vacíos’: vienen con historia, con algo que se viene acumulando». Esta continuidad también enriqueció el vínculo con el personaje de Pedro, interpretado por César Troncoso, con quien comparte escena por tercera vez, generando una escucha «orgánica» donde mucho de lo esencial sucede por fuera del texto.
Al ser consultada sobre el equilibrio de su personaje, que oscila entre resistencia, cuidado y negociación constante, Carballo destacó la intención de evitar simplificaciones. «Me interesaba que pudiera ser contradictoria. Que su resistencia no sea siempre frontal, que a veces aparezca en cosas muy mínimas», detalló. Para la actriz, la negociación constante no debilita al personaje, sino que lo muestra haciendo «lo que puede dentro de un contexto bastante limitado». La construcción a lo largo del tiempo le permitió explorar esta complejidad sin caer en lugares comunes.
La trilogía se centra en el «después» de los hechos más visibles, un aspecto que Carballo encontró particularmente interesante. «La película se mete en ese lugar más difícil, que es todo lo que queda después de algo que marca un vínculo», reflexionó. Es en ese espacio de transformación, desgaste y persistencia donde el personaje de Érica intenta reinventarse, generando una incomodidad que, según la actriz, carece de resoluciones claras pero resulta «muy verdadera».
Carballo también se refirió a la tensión entre lo legal y lo emocional que atraviesa a su personaje. «Me interesaba trabajar ese desajuste: qué pasa cuando alguien tiene que seguir funcionando, pero internamente está en otro lugar», comentó. Este conflicto, que no se traduce directamente entre norma y experiencia, constituye uno de los núcleos más incómodos de la película.
Finalmente, la actriz valoró la apuesta del film por una incomodidad «seca», alejada del melodrama. «Te obliga a correrte de recursos más obvios. No podés explicar todo ni subrayar. Tenés que confiar en lo mínimo», concluyó Carballo, cuya carrera se caracteriza por personajes intensos en zonas de conflicto donde lo emocional y lo social se intersectan.
