El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta una creciente presión tras revelaciones sobre el proceso de verificación de antecedentes de su designado embajador en Estados Unidos, cuya relación con Jeffrey Epstein era conocida.
El gobierno del primer ministro británico, Keir Starmer, se encuentra en medio de una crisis política tras nuevas revelaciones sobre el controvertido nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos a comienzos de 2025. Según informó el diario The Guardian, Mandelson no habría superado la verificación de antecedentes de seguridad requerida antes de asumir el cargo, lo que contradice declaraciones previas de Starmer ante el Parlamento.
El caso ha generado acusaciones de que el primer ministro pudo haber engañado a los legisladores, una falta considerada grave en el sistema político británico. En respuesta, Starmer expresó su malestar por no haber sido informado de la evaluación negativa y calificó la situación como «imperdonable». Como medida inmediata, Downing Street forzó la salida de Olly Robbins, el principal funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores involucrado en el proceso.
Peter Mandelson, una figura histórica del Partido Laborista, ya arrastraba antecedentes polémicos antes de su designación, incluyendo su relación con el financiero Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales. A pesar de ello, Starmer avanzó con el nombramiento, argumentando que la experiencia de Mandelson en comercio sería valiosa para las negociaciones con la administración de Donald Trump.
El escándalo escaló a partir de septiembre de 2025, cuando salieron a la luz correos electrónicos que mostraban el respaldo de Mandelson a Epstein. Posteriormente, la policía británica abrió una investigación, allanó propiedades de Mandelson y lo arrestó en febrero bajo sospecha de mala conducta en funciones públicas. Aunque fue liberado sin cargos, el daño político llevó a Starmer a destituirlo y ofrecer disculpas públicas.
La pregunta central ahora es si Starmer conocía, o debía haber conocido, las objeciones de seguridad antes de confirmar el nombramiento. Su entorno sostiene que ni él ni otros ministros fueron informados, mientras la oposición considera inverosímil que un proceso de tal magnitud no llegara a los niveles más altos del gobierno.
La presión no solo proviene de la oposición conservadora, que ha pedido la renuncia de Starmer, sino también de sectores internos del Partido Laborista, preocupados por el impacto electoral del escándalo a pocas semanas de elecciones locales y regionales.
