El fundador de Oracle reflexiona sobre el valor del error como parte del proceso de construir proyectos ambiciosos, sin caer en la autocompasión ni en la idealización del fracaso.
Larry Ellison, cofundador de Oracle y una de las figuras más influyentes de la tecnología, sostiene que el fracaso no debe romantizarse ni vivirse como una identidad, sino como una fuente de información. En sus propias palabras: “He tenido muchos fracasos en mi vida, pero no me arrepiento de ninguno. He aprendido de ellos”.
La clave del mensaje de Ellison es diferenciar entre sentirse un fracasado y reconocer que algo no funcionó. Para el empresario, el arrepentimiento surge cuando el error se internaliza como una etiqueta permanente, en lugar de tratarse como un dato útil para corregir el rumbo. “Cada caída deja datos; si se aprovechan, se convierten en ventaja futura”, plantea.
Ellison también propone una disciplina emocional: aprender sin quedarse atrapado en el pasado. No negar lo ocurrido, pero tampoco convertirlo en una carga que impida avanzar. Su enfoque apunta a una reconciliación productiva: reconocer la falla, ajustar y seguir adelante.
En el plano empresarial, la frase tiene una lectura clara: en tecnología, equivocarse rápido y corregir puede ser más efectivo que buscar la perfección desde el inicio. Lo importante, según Ellison, es que el error no se repita por soberbia, sino que sirva como escalón para el aprendizaje.
Larry Ellison (nacido en 1944) cofundó Oracle en 1977 y fue su CEO hasta 2014. Luego continuó como executive chair y CTO, manteniendo influencia directa en la estrategia tecnológica de la compañía. Oracle se convirtió en una de las empresas de software más importantes del mundo, especialmente por su liderazgo en bases de datos empresariales y su apuesta por la infraestructura en la nube.
Su historia personal se destaca por un camino poco lineal: decisiones arriesgadas, una personalidad competitiva y una carrera construida en un sector donde la innovación suele nacer de intentos fallidos y reinicios. Por eso su frase no suena a consuelo, sino a método: “Si vas a jugar en serio, vas a fallar. Lo decisivo es qué haces después”. En la lógica de Ellison, el fracaso no es lo contrario del éxito, sino una etapa habitual en la ruta hacia algo que funciona.
