El tenista rosarino que deslumbró en los años 80 con un estilo único, superó el servicio militar y el retiro forzado, y hoy reconstruye su vida en El Salvador.
Roberto Argüello nació en 1963 en el barrio rosarino de Echesortu, hijo único de un metalúrgico y una ama de casa. Comenzó a jugar al tenis a los cuatro años en el club Remeros Alberdi, con una raqueta de madera de 400 gramos que apenas podía levantar, lo que lo llevó a desarrollar un estilo peculiar: golpear con ambas manos tanto de drive como de revés.
Su talento precoz se confirmó al ganar el Orange Bowl en categorías Sub 14 (1977) y Sub 18 (1981). Sin embargo, cuando se preparaba para dar el salto profesional, en 1982 fue convocado al servicio militar obligatorio, lo que interrumpió su ascenso y le hizo perder puntos en el ranking. Tras un año, retomó la raqueta y en su segundo torneo oficial ganó el ATP de Venecia en 1983.
Llegó a ser número 38 del mundo en abril de 1984 y disputó dos series de Copa Davis junto a Guillermo Vilas y José Luis Clerc. Su zurdera natural y su doble empuñadura desconcertaban a los rivales. «Era un beneficio, confundía al otro», recuerda. A los 12 años viajaba solo de Rosario a Buenos Aires para entrenar en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, apoyado por su familia y la comunidad del club Atlético del Rosario.
Tras una carrera marcada por altibajos, Argüello tocó fondo emocional y físicamente, pero logró reinventarse. Desde octubre de 2024 reside en El Salvador, donde trabaja y ha encontrado un nuevo impulso. «Sentí haber tocado fondo, pero salí adelante», afirma.
