En Argentina, 51 de las 175 especies de anfibios identificadas están en riesgo crítico. Un proyecto conjunto entre la Fundación Temaikèn y Parques Nacionales busca evitar la desaparición de la rana patagónica mediante cría en cautiverio y restauración de su hábitat.
En el marco del Día Internacional de los Anfibios, la situación de la biodiversidad argentina cobra especial relevancia. De los 175 taxones identificados en el país, 51 enfrentan riesgos críticos de conservación, siendo los géneros Alsodes, Atelognathus y Telmatobius los más vulnerables. Entre ellos, la rana patagónica (Atelognathus patagonicus) se convirtió en el foco de un proyecto estratégico que busca revertir su posible desaparición mediante la cría profesional y la restauración del hábitat, una iniciativa conjunta entre la Fundación Temaikèn y la Administración de Parques Nacionales (APN).
La importancia de preservar a esta especie trasciende su valor intrínseco. Los anfibios actúan como bioindicadores ambientales fundamentales: su piel permeable y su ciclo de vida dual —acuático y terrestre— los vuelven extremadamente sensibles a la calidad del agua, la contaminación y las alteraciones del entorno. Su estado de salud refleja, en consecuencia, el equilibrio de los ecosistemas donde habitan.
En el caso de la rana patagónica, su protección resulta vital debido a que presenta una plasticidad fenotípica excepcional; es capaz de expresar dos morfotipos distintos según las condiciones ambientales. Ante la retracción de los cuerpos de agua provocada por el cambio climático, estos animales pueden adaptar sus características morfológicas y fisiológicas para subsistir en un entorno terrestre, un fenómeno que los convierte en un modelo de estudio científico de gran valor.
Desde 2023, el proyecto busca rescatar individuos de lagunas temporarias en proceso de desecación para trasladarlos al Bioparque. El objetivo central es desarrollar un programa de reproducción bajo cuidado humano que permita crear un nuevo núcleo poblacional para su futura reintroducción en la naturaleza. Hasta la fecha, los especialistas han recibido 64 ejemplares, de los cuales 34 permanecen bajo observación constante. Según los registros, las bajas iniciales fueron calificadas como esperables, dada la escasez de antecedentes sobre el manejo de esta especie en cautiverio.
A través de mediciones morfométricas, pesajes periódicos y un sistema de identificación basado en manchas dorsales, el equipo técnico logró avances significativos, tales como la identificación de períodos de reabsorción ovárica en hembras y cambios en la coloración de las callosidades nupciales en machos. Aunque el conocimiento sobre su fisiología y requerimientos reproductivos sigue siendo limitado, la información recolectada resulta clave para el desarrollo de futuras estrategias de conservación.
Paralelamente, Parques Nacionales, con el respaldo técnico de investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata, trabaja en la restauración de los hábitats naturales, incluyendo el control de especies invasoras. Pese a estos esfuerzos, la reinserción inmediata de los ejemplares en la Laguna Blanca no es viable, debido a que la recuperación del ecosistema es un proceso a largo plazo.
La ciencia argentina mantiene su apuesta por esta especie, entendiendo que cada individuo rescatado representa una pieza fundamental para evitar que la singularidad biológica de la Patagonia se pierda definitivamente frente a los desafíos climáticos actuales.
Con información brindada por la Fundación Temaikén.
