El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país podría asumir el control de Cuba «casi de inmediato» una vez finalizado el conflicto con Irán, lo que provocó una dura reacción del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, y del canciller Bruno Rodríguez.
LA HABANA.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el viernes por la noche que su país podría asumir el control de Cuba “casi de inmediato” una vez finalizada la guerra contra Irán, en una declaración que reavivó la tensión con La Habana y abrió un nuevo frente en la política exterior de Washington. El mandatario realizó los comentarios durante un evento en Palm Beach, Florida, al referirse al origen de uno de los invitados presentes.
“Y él viene originalmente de un lugar llamado Cuba, que vamos a tomar el control casi de inmediato. Lo que haremos, al volver de Irán, es enviar uno de nuestros grandes barcos para que atraque a unos 100 metros de la costa, y ellos dirán: ‘Muchas gracias, nos rendimos’”, sostuvo Trump. El mandatario aludió específicamente al portaaviones Abraham Lincoln, que sería apostado cerca de la isla tras su regreso del despliegue en Medio Oriente.
Sus palabras generaron una rápida y contundente reacción del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien calificó las declaraciones como una amenaza de “agresión militar a una escala peligrosa y sin precedentes”. En un mensaje publicado en la red social X, el mandatario instó a la comunidad internacional y al propio pueblo estadounidense a pronunciarse ante lo que describió como un eventual “acto criminal”.
“La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de Estados Unidos, determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico para satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación”, insistió Díaz-Canel. “Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional”, afirmó.
En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció que la amenaza constituye una escalada “clara y directa” y acusó a Washington de actuar bajo la presión de élites con intereses políticos y financieros. La Casa Blanca no ofreció precisiones sobre el alcance de las declaraciones, ni Trump detalló cómo podría concretarse una eventual acción contra la isla.
Analistas consultados por medios estadounidenses interpretaron sus dichos como parte de una estrategia de presión que combina sanciones económicas con mensajes de alto voltaje político. En paralelo, el gobierno cubano endureció su respuesta frente a una nueva ronda de sanciones anunciada el mismo viernes por Washington. Las medidas, dispuestas mediante una orden ejecutiva firmada por Trump, apuntan a funcionarios y entidades vinculadas a sectores estratégicos como energía, defensa, finanzas y seguridad.
Desde La Habana, Rodríguez calificó las sanciones de “ilegales y ofensivas” y denunció que constituyen una forma de “castigo colectivo” contra la población. Díaz-Canel, por su parte, consideró que reflejan la “pobreza moral” de la política estadounidense hacia la isla. El cruce de declaraciones vuelve a poner en evidencia la fragilidad de las relaciones bilaterales y plantea interrogantes sobre la evolución de la estrategia de Washington hacia Cuba en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas crecientes, en particular la guerra en Medio Oriente.
