Un brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, que partió desde Ushuaia, ha generado una crisis sanitaria en alta mar. Te contamos los hechos, las medidas tomadas y por qué no hay motivo de alarma.
MADRID.- La crisis por el brote del virus de los Andes en el crucero antártico MV Hondius comenzó el 20 de marzo, cuando unas 170 personas embarcaron en Ushuaia, Argentina, para una expedición por aguas antárticas en un buque reforzado para el hielo. Un mes y medio después, se ha convertido en un problema de salud pública focalizado en el barco, con riesgos de contagio reducidos entre humanos.
El pasaje del MV Hondius representa a más de una veintena de nacionalidades. Viajan 14 españoles: cinco catalanes, tres madrileños, tres asturianos, un castellanoleonés, un gallego y una valenciana oceanógrafa y miembro de la tripulación.
El 1 de abril, el buque puso rumbo hacia el norte por el Atlántico. A los pocos días, un holandés de 70 años empezó a sentirse mal con fiebre, dolor de cabeza y abdominal, y diarrea. El cuadro se complicó con dificultad respiratoria aguda y falleció el 11 de abril. La causa de la muerte no se pudo determinar en el momento, pero el capitán tranquilizó a los viajeros diciendo que no era contagioso. Luego falleció su mujer y otro turista.
Cuando se conoció la noticia del brote de hantavirus, el barco ya estaba frente al puerto de Praia, en la isla de Cabo Verde. Las autoridades locales no quisieron hacerse cargo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) contactó a España, y el Ministerio de Sanidad aceptó recibir el barco: “España tiene una obligación moral y legal de auxiliar a estas personas”. Ya son ocho los casos confirmados por la OMS, incluido un ciudadano hospitalizado en Zúrich.
Se supo que 23 pasajeros desembarcaron en Santa Helena el 22 de abril y viajaron a Estados Unidos, Taiwán, Australia o Suiza sin controles. La OMS confirmó que los operadores informaron del brote por correo electrónico a esos viajeros para que reportaran síntomas. Es importante destacar que el hantavirus es mucho menos transmisible entre humanos que el coronavirus, y no hay motivo para el alarmismo, pero sí lecciones que aprender.
