Lorenzo Esteban Amarilla, de 26 años, fue detenido en un departamento del centro porteño como principal sospechoso del homicidio de Yolanda Raquel Cáceres, ocurrido el jueves pasado en Los Polvorines. La víctima interceptó al agresor cuando intentaba abusar de su hija de 8 años.
La Policía detuvo este sábado por la tarde a Lorenzo Esteban Amarilla (26), acusado del asesinato de Yolanda Raquel Cáceres (52), ocurrido el jueves pasado en Los Polvorines. El operativo se realizó en un edificio de la peatonal Florida, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, en la Ciudad de Buenos Aires, tras una investigación que indicaba que el prófugo se ocultaba allí con una pareja ocasional.
Personal de la SubDDi de Malvinas Argentinas y la División Homicidios de la Policía de la Ciudad allanaron el lugar y secuestraron prendas de vestir de interés para la causa. Amarilla será indagado por la fiscal Lorena Carpovich, de Malvinas Argentinas, por el delito de “homicidio agravado”.
El crimen ocurrió en la madrugada del jueves, en una vivienda de la calle Velázquez al 1400, en Los Polvorines, donde Cáceres vivía con su hija de 8 años. Según el relato de la menor, ella se despertó y encontró a Amarilla desnudo en su cama, tocándola. La niña le pidió que se vistiera y que contara hasta diez antes de salir de la habitación. En ese lapso, el hombre salió y forcejeó con la madre, quien había escuchado ruidos y acudió a defender a su hija. La autopsia preliminar indicó tres heridas, una de ellas letal en la carótida, causadas con un cuchillo tipo Tramontina hallado en la escena.
Vecinos del barrio encontraron a la niña en la calle, angustiada y pidiendo ayuda: “Le están pegando a mi mamá”. Al llegar a la vivienda, hallaron a la madre sin vida. La menor identificó al agresor como “Esteban”, un amigo de su madre. Cáceres conocía a Amarilla porque había sido pareja de su mejor amigo, un hombre que vive a pocas cuadras. Tras la separación, Amarilla se había mudado del barrio y había regresado recientemente.
Yolanda Raquel Cáceres, conocida como “Yoly”, era una mujer muy querida en el barrio. Trabajaba limpiando casas, haciendo trámites para vecinos y cortando pasto, y criaba sola a su hija. Los vecinos la describen como “muy buena y muy trabajadora”, que hacía “todo para cuidar a su hija”. La noche anterior al crimen, había pedido fiado un paquete de salchichas y uno de arroz porque no tenía para darle de comer a su hija.
