En la última década, los nacimientos en Argentina cayeron un 47%, mientras crece la adopción de mascotas. En paralelo, el lenguaje político se animaliza y deshumaniza al adversario.
La tasa de natalidad en Argentina experimenta una caída histórica: en diez años, los nacimientos se redujeron un 47%, un descenso más pronunciado que en la mayoría de los países. Este cambio abrupto plantea desafíos importantes para el futuro del país.
Al mismo tiempo, la adopción de mascotas crece de manera exponencial. En la Ciudad de Buenos Aires, ya hay más perros y gatos que bebés. Los animales son cada vez más humanizados: ropa de diseño, carritos de paseo, comidas gourmet, clínicas especializadas, tratamientos odontológicos, guarderías, spa y hasta lugar en el transporte público. ¿Se han convertido en los nuevos privilegiados?
Como contrapartida, el debate político tiende a animalizarse. Se deshumaniza al adversario, al distinto, al otro. Desde el máximo poder, se utiliza un lenguaje que equipara a los oponentes con animales: mandriles, burros, ratas, cerdos. Esta retórica, que comenzó con la exaltación de las mascotas, ahora se aplica a la persecución de quienes piensan diferente. Sin embargo, quienes utilizan este discurso podrían enfrentar una rebelión inesperada desde su propio entorno.
