La pérdida repentina y temporal de la visión en un ojo, conocida como amaurosis fugaz, puede ser un aviso de un accidente cerebrovascular. Especialistas advierten que no debe subestimarse.
Cuando se habla de ictus, es habitual pensar en síntomas como dificultad para hablar, parálisis facial o pérdida de fuerza en un brazo. Sin embargo, existe un síntoma menos conocido pero igualmente relevante: la amaurosis fugaz.
Se trata de un episodio de pérdida repentina y completa de la visión en un solo ojo. La sensación suele describirse como si una persiana descendiera de forma súbita sobre el campo visual. No produce dolor y, en muchos casos, dura apenas unos segundos o minutos antes de que la visión se recupere por completo.
Esa recuperación espontánea lleva a que muchas personas resten importancia al problema, atribuyéndolo al cansancio, al estrés o a una bajada de tensión. No obstante, el doctor Eliseo Candela, cirujano vascular, advierte a través de sus redes sociales (@dr.e.candela) que ignorar esta señal puede tener consecuencias graves.
La amaurosis fugaz se produce cuando el flujo sanguíneo hacia la retina se interrumpe temporalmente. Esta disminución suele estar relacionada con un coágulo o una pequeña obstrucción, con frecuencia originada en las arterias carótidas, los principales vasos que llevan sangre al cerebro.
Aunque el episodio visual desaparezca rápidamente, el problema subyacente puede persistir. Por ello, los médicos consideran la amaurosis fugaz como un “ictus ocular” o un aviso previo de riesgo elevado de sufrir un accidente cerebrovascular más grave en el futuro cercano.
Según el doctor Candela, una pérdida brusca y completa de la visión en un ojo nunca debe considerarse normal: “No duele y puede durar solo unos segundos. Cuando la visión vuelve, muchas personas lo ignoran”. Constituye una urgencia médica que requiere evaluación inmediata para determinar la causa y prevenir complicaciones.
Las arterias carótidas pueden acumular placas de grasa y colesterol con el tiempo, favoreciendo la formación de coágulos que pueden desplazarse hasta vasos más pequeños. Cuando uno de estos fragmentos llega a la circulación de la retina, provoca la pérdida temporal de visión característica de la amaurosis fugaz.
Además del riesgo de ictus, este síntoma puede estar relacionado con enfermedades cardiovasculares subyacentes que requieren tratamiento. Una consulta médica rápida puede ayudar a detectar factores de riesgo como hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado o enfermedades cardíacas.
Los expertos recomiendan acudir de inmediato a un servicio de urgencias ante una pérdida repentina de visión en un solo ojo, aunque el episodio dure pocos segundos. La rapidez en el diagnóstico permite realizar pruebas y establecer medidas preventivas para reducir el riesgo de un accidente cerebrovascular incapacitante.
