La UNAM sostiene que la luz tenue y el ruido nocturnos podrían influir en el desarrollo de obesidad, una condición que en México no se explica solo por la cantidad de alimento que consume una persona, sino también por factores como la genética, el ambiente y las alteraciones del ritmo circadiano.
Según información de UNAM Global con datos del Boletín UNAM-DGCS-382, esa línea de trabajo parte de una pregunta más amplia: cómo ciertos estímulos ambientales pueden dejar huellas duraderas en el organismo y aumentar el riesgo de desarrollar la obesidad.
Vito Salvador Rogelio Hernández Melchor, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, encabeza una investigación que busca entender ese proceso. El proyecto fue reconocido por el Programa de Apoyo a la Formación de Redes de Investigación Multidisciplinarias de la Facultad de Medicina.
El estudio revisa efectos intergeneracionales en laboratorio y observaciones en adolescentes
La investigación lleva por título “Programación Intergeneracional de la Obesidad, Plasticidad de Circuitos Subcorticales y Conductas Motivacionales en la Progenie Adolescente desde una Perspectiva Traslacional”. Su diseño analiza, en modelos de laboratorio, los efectos intergeneracionales de la exposición parental a dietas altas en grasa o a luz tenue nocturna.
El trabajo también busca correlacionar esos datos con observaciones en adolescentes humanos para identificar posibles factores de riesgo relacionados con el desarrollo de la obesidad. La meta es conectar los hallazgos del laboratorio con observaciones clínicas y con el estudio de adolescentes mexicanos con obesidad.
De acuerdo con Hernández Melchor, el objetivo es entender de qué manera factores ambientales como una dieta alta en grasa, la luz tenue durante la noche y el ruido nocturno pueden afectar el desarrollo de algunos circuitos subcorticales. Esos circuitos participan en la coordinación de conductas relacionadas con la motivación, la alimentación y la toma de decisiones.
El académico explicó que esos procesos pueden repercutir eventualmente en el balance energético. Desde esa perspectiva, la obesidad aparece como un fenómeno en el que intervienen factores biológicos, ambientales y sociales, incluso desde generaciones anteriores.
Hernández Melchor agregó que la plasticidad biológica tiene dos caras. Por un lado, permite comprender cómo determinadas condiciones ambientales pueden dejar marcas duraderas en el individuo; por otro, muestra que esas huellas no necesariamente son inevitables.
La Facultad de Medicina pidió que la investigación llegue a hospitales y comunidades
Durante la entrega de reconocimientos, Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, directora de la Facultad de Medicina, planteó que el conocimiento generado en laboratorios y grupos de trabajo debe tener efecto fuera del ámbito académico. En palabras citadas por el medio: “Hoy más que nunca necesitamos que el conocimiento que se genere en nuestros laboratorios y grupos de trabajo llegue a la clínica, al hospital, a las comunidades, a las personas y responda a las políticas de salud”.
En la misma ceremonia se entregó el reconocimiento del Programa de Apoyo a Mujeres Jóvenes Menores de 45 años, que en su primera emisión busca promover la participación de mujeres en el ámbito científico, disminuir brechas estructurales y fomentar el abordaje de problemas de salud con perspectiva de género.
La distinción fue para el proyecto “Análisis del hábitus médico y de currículum oculto como reproductores de desigualdad estructural en la educación médica mexicana hacia un modelo de transformación institucional con enfoque de género y salud mental”, encabezado por Diana Patricia Guízar Sánchez, de la Facultad de Medicina, con María Elena Medina-Mora Icaza como responsable asociada.
Esa investigación analiza cómo el hábitus médico y el currículum oculto pueden operar como mecanismos de reproducción de desigualdad estructural, violencia simbólica y malestar psicosocial en médicos residentes. Su propósito es construir un modelo de transformación institucional con enfoque de género y bienestar.
