El 21 de julio de 1944, fuerzas estadounidenses desembarcaron en la isla de Guam, entonces ocupada por Japón. La batalla duró tres semanas y dejó miles de muertos. Tras la guerra, el soldado japonés Shōichi Yokoi permaneció oculto en la selva hasta 1972.
Guam, la mayor de las Islas Marianas, fue escenario de una de las batallas más decisivas de la Guerra del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. El 21 de julio de 1944, miles de infantes de marina estadounidenses desembarcaron en sus costas occidentales, luego de un intenso bombardeo naval y aéreo de dos semanas.
La isla había sido conquistada por Japón en diciembre de 1941, días después del ataque a Pearl Harbor. Durante casi 31 meses, los habitantes chamorros fueron sometidos a trabajos forzados y restricciones, mientras las autoridades japonesas imponían su idioma y administración.
El desembarco fue precedido por bombardeos de acorazados, cruceros y destructores, y por la apertura de corredores en los arrecifes de coral a cargo de equipos de demolición submarina. La operación movilizó al III Cuerpo Anfibio de Marines y luego a la 77.ª División de Infantería del Ejército estadounidense, sumando más de 50.000 soldados.
Del lado japonés, unos 18.000 defensores al mando del teniente general Takashina Takeshi recibieron la orden de resistir sin posibilidad de retirada ni refuerzos. La doctrina militar imperial no contemplaba la rendición.
Los combates se desarrollaron en terreno selvático, con barrancos y cuevas que los defensores aprovecharon para emboscadas y ataques nocturnos. Takashina murió en combate y fue reemplazado por el general Hideyoshi Obata, quien continuó la defensa hasta que el 10 de agosto de 1944 Estados Unidos declaró la isla asegurada. La mayoría de los soldados japoneses murieron; las bajas estadounidenses también fueron significativas.
La captura de Guam, junto con Saipán y Tinian, permitió a Estados Unidos establecer bases aéreas para los bombarderos B-29 Superfortress, desde donde se lanzaron ataques contra ciudades japonesas, incluidos los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.
Tras la guerra, pequeños grupos de soldados japoneses permanecieron ocultos en la selva, ignorando o negándose a aceptar la derrota. El caso más conocido fue el de Shōichi Yokoi, quien fue hallado en enero de 1972 por dos cazadores chamorros cerca del río Talofofo. Yokoi había vivido 28 años en aislamiento, fabricando herramientas, pescando y cultivando alimentos. Al ser rescatado, declaró: “Es vergonzoso regresar vivo”. Fue recibido como un héroe en Japón, se casó y dedicó sus últimos años a transmitir un mensaje de paz. Falleció en 1997.
