Un estudio publicado en Annals of Tourism Research documenta el proceso de renuncia de 25 guías turísticos en la Antártida, motivados por preocupaciones ambientales y el impacto del cambio climático en la región.
Un estudio publicado en Annals of Tourism Research, realizado por Zdenka Sokolíčková, Elizabeth Cooper y Christy Hehir, documenta el proceso de reflexión y renuncia de 25 guías turísticos que abandonaron sus empleos en la Antártida. Los investigadores exponen los dilemas y contradicciones que atravesaron quienes eligieron alejarse para reconciliar sus valores personales con el impacto de su trabajo.
“Ya no puedo seguir trabajando. Es que, ¿cómo puedo ir allí, hablarle a la gente sobre el cambio climático y no hacer nada al respecto?”, declaró un ex guía turístico de la Antártida al ser entrevistado por investigadores sobre los motivos por los que decidió renunciar.
Considerada uno de los entornos más frágiles del planeta, la Antártida se convirtió en un escenario central para debates sobre sostenibilidad en las excursiones. Según el estudio, la razón principal para dejar el trabajo fue la preocupación ambiental, señalada por 19 de los 25 entrevistados. Un participante relató: “Estuve allí el día más caluroso registrado en 2020. Subí un glaciar en camiseta, conduje botes sin guantes. Y todo el lugar estaba rosa por una floración de algas. Fue realmente triste. El impacto del cambio climático te golpea de frente”.
La decisión de dejar el empleo no fue inmediata. El proceso incluyó años de reflexión, dudas y malestar moral. Los guías atravesaron diferentes etapas: una fase inicial de negación, el reconocimiento del dilema, la negociación moral y finalmente la acción de renunciar. Muchos describieron una mezcla de alivio y pérdida tras tomar la decisión: “Cuando tomé la decisión de alejarme, me sentí mucho mejor. Fue como si pudiera volver a respirar”.
En las últimas décadas, la cantidad de turistas en la Antártida creció diez veces, pasando de unos 7.500 visitantes en 1992 a más de 104.000 en la temporada 2022-2023, según información de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La organización advierte que las regulaciones actuales no son suficientes para proteger el continente y recomienda establecer nuevas salvaguardas, basadas en ciencia y mejores prácticas, para gestionar el turismo de forma más estricta y proteger la función ecológica de la Antártida.
El estudio se basó en entrevistas cualitativas a 25 guías originarios principalmente de Europa y Norteamérica. Las conversaciones, llevadas a cabo entre octubre y noviembre de 2024, permitieron reconstruir secuencias personales y colectivas de toma de decisiones. El equipo investigador, que también tiene experiencia directa en la región, optó por un enfoque narrativo y un análisis temático, lo que permitió que los relatos de los participantes guiaran la identificación de las etapas clave del proceso.
La transición desde la preocupación ambiental hasta la renuncia efectiva implicó superar varias brechas cognitivas y emocionales. El modelo conceptual elaborado por los autores identifica tres “brechas”: el salto del problema a la solución, de la solución a la decisión y de la decisión a la acción. Por ejemplo, muchos participantes intentaron primero alternativas menos drásticas, como reducir su propia huella o influir en la conducta de los turistas, hasta concluir que solo alejarse representaba una respuesta coherente con sus valores.
Las entrevistas revelan que los detonantes para la decisión final suelen combinar factores externos, como presenciar daños ambientales directos o conflictos con la gestión, y factores internos, como un punto de inflexión moral. Un guía narró: “Recuerdo el día en que dije, ‘No voy a volver’. Estábamos buscando un lugar donde pudiéramos llevar gente al hielo. Y eligieron un lugar y yo dije: ‘Oye, hay varios pinnípedos (o focas) más adelante. Sabes, tal vez este no sea el mejor lugar para hacer esto’. Pero, ya sabes, tienen que abrirse paso en el hielo con el barco para poder encontrar un lugar estable donde aterrizar. Y nos abrimos paso, y simplemente vi cómo la grieta se extendía delante de nosotros, y entonces ambos pinnípedos tuvieron que ir al agua. Y dije: ‘Esto está mal. A nadie parece importarle que estemos haciendo esto’”.
Otro de estos ejemplos son los efectos directos sobre los pingüinos. Los entrevistados advirtieron que la presencia constante de visitantes altera el comportamiento de estas aves, ya que durante largos períodos los pingüinos apenas cuentan con unas pocas horas de descanso durante la noche debido al flujo ininterrumpido de personas en las colonias. Además, el tránsito frecuente por sus hábitats puede provocar estrés y modificar patrones reproductivos y sociales.
Este proceso no terminó con la renuncia. Muchos guías continuaron reflexionando sobre su decisión y su vínculo con la Antártida, experimentando emociones ambiguas, desde el alivio hasta el pesar. La conexión con el lugar persistió, aunque en una forma transformada, orientada ahora hacia el cuidado a distancia.
La investigación plantea que alejarse de un entorno frágil puede constituir un acto de cuidado ambiental de alto impacto. Para los guías, el distanciamiento físico no implicó indiferencia, sino una forma diferente de responsabilizarse por el destino de la Antártida. Como señalan los autores en su artículo en The Conversation, “a veces, la mejor manera de proteger un lugar que amas es dejarlo en paz”.
Tras abandonar el turismo antártico, varios participantes orientaron sus carreras hacia actividades vinculadas al ambientalismo o la educación ambiental. Los investigadores argumentan que la experiencia de estos guías ofrece lecciones relevantes para políticas de turismo en zonas sensibles. El trabajo también resalta la importancia de abordar la brecha entre la actitud y el comportamiento ambiental. Muestra, además, que el cambio real suele requerir procesos largos, reflexivos y emocionalmente complejos.
