Dos coleccionistas con base en París identificaron siete piezas antiguas que, según afirman, permiten incorporar el estilo parisino en cualquier hogar.
Los departamentos haussmanianos de París —vivienda ubicada en los emblemáticos edificios de piedra tallada construidos durante la modernización de París— comparten una característica que ningún manual de decoración termina de explicar del todo: la convivencia natural entre piezas de distintas épocas. Esa capacidad para mezclar sin artificio tiene nombre propio —el estilo parisino— y se construye, en gran medida, a partir de las antigüedades.
Dos coleccionistas con base en París señalan que incorporar antigüedades francesas es el camino más directo para lograr ese equilibrio entre historia y elegancia propio de los interiores parisinos.
Ajiri Aki, autora de Joie: A Parisian’s Guide to Celebrating the Good Life y fundadora de Madame de la Maison, junto a Vanessa Grall, encargada de Messy Nessy’s Cabinet —una tienda de curiosidades en el barrio de Notre Dame—, identificaron siete piezas que cualquier coleccionista debería buscar primero.
- Láminas botánicas antiguas: Las láminas botánicas del siglo XVIII encabezan la lista de Aki. Según la experta, en declaraciones recogidas por House Beautiful, estas piezas “combinan arte, historia y la fascinación francesa por el mundo natural”. Con sus colores desvanecidos y el papel envejecido, reflejan el auge de los gabinetes de curiosidades y las colecciones de historia natural que florecieron durante ese período. Aki recomienda buscar ejemplares con nombres escritos a mano o impresos, y enmarcarlos en una grilla simétrica.
- Libros franceses vintage: Para Grall, los libros antiguos en francés son una forma literal de llevar el idioma al espacio doméstico. La shopkeeper, cuya tienda se ubica en una calle próxima a Notre Dame, sugiere disponer los volúmenes con la tapa hacia afuera, como objetos decorativos intercalados entre el resto de la biblioteca. Se destaca que este recurso permite construir un ambiente culto sin recurrir a grandes inversiones.
- Espejos dorados de los siglos XVIII y XIX: Pocos elementos transforman una habitación con tanta inmediatez como un espejo dorado de época. Aki explica, en declaraciones al medio especializado, que en los departamentos haussmanianos de París estos espejos se colocan sobre las chimeneas para ampliar el espacio y multiplicar la luz natural. La experta prefiere piezas con dorado envejecido e imperfecciones visibles: “La pátina es absolutamente parte del encanto”. La revista Architectural Digest —referente internacional en diseño de interiores— sostiene que la incorporación de espejos antiguos en ambientes modernos “no solo amplía visualmente los espacios, sino que introduce una narrativa histórica única”. Según el medio, el contraste entre el marco envejecido y una decoración contemporánea genera un punto focal que resume el eclecticismo propio de los interiores parisinos. Quien no disponga de chimenea puede lograr un efecto similar sobre una consola o apoyando el espejo directamente en el suelo.
- Portafósforos de bistró: Los portafósforos de bistró —pequeños accesorios que cubrían cada mesa de los cafés parisinos hace más de cien años— son uno de los objetos favoritos de Grall. Según la coleccionista, estas piezas no eran exclusivas de los fumadores: también las usaban quienes bebían absenta para disolver el azúcar. Los hay en distintos colores y tipografías, y su precio varía según la antigüedad, el nivel de detalle y la marca de licor que publicita cada ejemplar.
- Sillas antiguas de estilo francés: Agregar una silla antigua es, según Aki, una de las maneras más accesibles de introducir historia y personalidad en cualquier ambiente. La experta subraya que los interiores parisinos rara vez responden a un único período o estilo: “Una silla antigua puede estar junto a un sillón moderno, en un escritorio contemporáneo o en el rincón de una habitación”. Entre los modelos más representativos figura la bergère, de respaldo y asiento envolventes; la crapaud, compacta y curvada; la chauffeuse, de patas bajas; y la médaillon de estilo Luis XVI, con su característico respaldo ovalado.
- Grabados franceses (gravures): Los grabados o aguafuertes —conocidos en francés como gravures— son otra categoría que los parisinos coleccionan con regularidad. Grall recomienda las escenas rococó de los siglos XVIII y XIX, período en el que, según señala al medio, “una revolución sexual para los privilegiados abrió las puertas a un arte más atrevido”. Para identificar un grabado auténtico, la experta aconseja verificar la presencia de la marca de plancha que rodea la imagen.
- Herrajes de latón o bronce: El último objeto de la lista apunta a los detalles constructivos del hogar. Aki recomienda incorporar manijas, tiradores y chapas de cerradura antiguos en puertas, muebles y armarios. “Los herrajes franceses antiguos aportan historia, artesanía y carácter”, afirma la fundadora de Madame de la Maison. A diferencia de lo que suele hacerse con las piezas metálicas, Aki desaconseja pulirlas en exceso: la oxidación natural y la pátina son, para ella, parte constitutiva del valor de cada pieza. Desde la plataforma de tendencias Dezeen, especialistas en restauración subrayan que los herrajes originales, cuando se conservan con su pátina, “actúan como testigos silenciosos del pasado y aportan autenticidad a cualquier intervención decorativa”. El medio internacional destaca que la revalorización de estos detalles está impulsando una nueva ola de demanda en mercados de antigüedades en París y otras capitales europeas.
