Claudio Giusti decidió arrancar casi dos hectáreas de manzanos en su finca de La Consulta, Mendoza, y plantar ciruelos D’Agen, destinados al desecado y a la exportación, ante los costos que no cubre la producción de manzana.
En Mendoza, Claudio Giusti tomó la decisión de arrancar los manzanos que su padre plantó hace 26 años en su finca de La Consulta, en San Carlos. Ya retiró casi dos hectáreas y en ese terreno colocará ciruelos de la variedad D’Agen, utilizada para desecado.
Giusti, productor y presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Mendoza (CAR Mendoza), explicó que la producción de manzana dejó de cubrir los costos. «La manzana últimamente no tiene valor. Acá era una zona manzanera siempre, sobre todo el Valle de Uco, y hoy no te dan los costos», afirmó.
Según detalló, la ciruela se pagó la última campaña entre $600 y $700 por kilo, con un rendimiento que puede rondar los 30.000 kilos por hectárea. La manzana, en cambio, terminó destinada a jugo y recibió $370 por kilo.
Además, el año pasado sufrió granizo durante la floración y cosechó alrededor de 10.000 kilos por hectárea, cuando una producción normal puede rondar entre 40.000 y 50.000 kilos. «No cubrís nada, no llegás ni al 10% de los costos», sostuvo.
Los manzanos arrancados pertenecen a una plantación vieja, con un marco de plantación de cinco metros por cinco metros. Hoy las nuevas plantaciones pueden hacerse a tres por dos o cuatro por dos metros, lo que permite mayor cantidad de árboles por hectárea y mayor potencial de producción.
Giusti eligió la ciruela D’Agen por su demanda y salida comercial. «Es una ciruela para desecar, una variedad chica que se lleva a secadero», explicó. Parte de esa producción se destina al mercado externo: «Se está exportando mucho a China, a España. Se ha abierto la exportación», agregó.
La primera cosecha de los nuevos ciruelos llegará recién después de unos tres años y todavía será limitada. «Entre el cuarto, quinto y el sexto año ya tenés una producción completa», señaló. Esa espera obliga a contar con recursos para sostener la finca mientras el nuevo cultivo empieza a producir.
Giusti no tenía previsto hacer el cambio este año, pero consiguió las plantas injertadas en viveros. «Este año no se conseguía ciruela», indicó. En su caso, cuenta con la ventaja de tener relación con un secadero donde podrá entregar la fruta.
No es la primera reconversión que realiza en la finca. Años atrás arrancó perales y los reemplazó por ciruelos. «La pera mendocina tenía una ventaja competitiva con Río Negro, era de mejor calidad. Pero la pera perdió totalmente el mercado», recordó.
La viña, también plantada por su padre, permanece por ahora. Giusti dijo que esa actividad atraviesa dificultades, aunque formar parte de una cooperativa le permite sostenerla. «Puedo pelearla un poco más, pero a la viña la estamos aguantando», señaló.
