El constructor madrileño Rafa Domínguez, de 75 años, explicó en el podcast Wall Street Wolverine que decidió trabajar con tres autónomos tras considerar insostenible mantener una estructura empresarial tradicional por la presión fiscal y la incertidumbre del sector.
Rafa Domínguez, albañil de 75 años con más de seis décadas de experiencia en la sierra de Madrid, declaró en el podcast Wall Street Wolverine que modificó su modelo de negocio debido a la presión fiscal y la volatilidad de la demanda. Según sus declaraciones, decidió reducir su equipo a tres trabajadores autónomos: “Llegó un momento que dije: la gente fuera, voy a trabajar con tres personas y los hago autónomos porque no había otra manera de sobrevivir”.
Domínguez explicó que la imposibilidad de mantener grandes plantillas se debió a los costos laborales y a la falta de proyectos continuos. “Se acaba el chalet y luego si no te sale otro, ¿qué haces con la gente?”, afirmó. El cambio le permitió afrontar la incertidumbre del sector, que ahora exige una especialización técnica mayor.
El albañil recordó sus comienzos a los 13 años junto a su abuelo, cuando la construcción se basaba en el conocimiento práctico y planos rudimentarios: “Cuando hizo el abuelo las primeras casas ni planos, un boceto que te hacía el aparejador y ya está”. En la actualidad, señaló que las normativas de eficiencia energética, la instalación de paneles solares y los sistemas de climatización complejos requieren un perfil multidisciplinar: “Ahora te piden de todo. Tienes que entender de aire acondicionado, de placas solares, de instalaciones, de todo”.
Domínguez también se refirió a su relación con la administración tributaria: “Los de Hacienda me tienen abrasado”. Tras cotizar durante años, recibe una pensión de 740 euros, que se redujo después de una venta inmobiliaria. Calificó esa cifra como “una pensión de pobre”.
En cuanto al relevo generacional, aseguró que los jóvenes carecen de formación y priorizan el sueldo sobre el oficio: “La gente joven no tiene ni idea de nada”. Añadió: “Van a trabajar y lo primero que preguntan es cuánto van a ganar”. Según su perspectiva, primero debe demostrarse la capacidad técnica antes de reclamar una remuneración.
Finalmente, Domínguez consideró que el acceso a la vivienda se volvió casi imposible para las nuevas generaciones y que la construcción dejó de ser un oficio artesanal para convertirse en una actividad con obstáculos burocráticos y fiscales.
