El presidente Javier Milei visitó la escuela ORT y reavivó el debate sobre la relación entre la comunidad judía argentina y el poder político. Su afinidad explícita con el judaísmo jasídico y su respaldo a Israel generan interrogantes sobre la conveniencia de una alianza personalista.
El presidente de Argentina, Javier Milei, visitó la escuela técnica ORT y pronunció un discurso de confrontación contra periodistas y sectores que definió como “marxistas”. El acto reabrió un debate interno en la comunidad judía argentina sobre la relación con el poder político.
La tradición judía, recogida en Pirkei Avot, aconseja prudencia frente al poder: “Sean prudentes con el poder, porque no se acerca al hombre sino para su propia necesidad” (2:3) y “Ama el trabajo y aborrece el poder” (1:10). Estas enseñanzas, de dos mil años de antigüedad, surgieron en el contexto de la diáspora y reflejan la experiencia histórica de gobiernos indiferentes u hostiles.
Milei, sin embargo, presenta un caso atípico: se identifica públicamente con el judaísmo, estudia Torá, cita a sabios rabínicos y ha sido presentado en Israel como “el presidente más sionista del mundo”. Su afinidad se orienta específicamente hacia el jasidismo de Jabad Lubavitch, una corriente minoritaria dentro del judaísmo, con prácticas y creencias que no son compartidas por la mayoría de los judíos, mayoritariamente seculares, conservadores o reformistas.
La comunidad judía argentina, centenaria y plural, enfrenta el desafío de gestionar esta nueva realidad. La exposición pública de Milei en instituciones judías, como la visita a ORT, ha generado preguntas sobre la conveniencia de validar una sola lectura del judaísmo. La DAIA, que representa a todo el arco judío, participó institucionalmente del acto.
Analistas consultados señalan que el vínculo personalista con un presidente de turno conlleva riesgos. La historia muestra que las alianzas políticas cambian según las necesidades del momento. El caso de Donald Trump, otrora considerado el presidente más pro-Israel de la historia y hoy negociando con enemigos de Israel, es citado como ejemplo de la volatilidad de los lazos políticos.
La comunidad judía argentina debe decidir cómo preservar su identidad y su futuro sin hipotecarlos al éxito o fracaso de un gobierno. La reflexión interna se centra en la necesidad de mantener una prudente distancia frente al poder, como enseña la tradición, y en la conveniencia de no identificarse con una sola corriente interna para congraciarse con el gobierno.
