Diversos presidentes argentinos, incluido Javier Milei, recurrieron a la agenda internacional en contextos de debilidad doméstica. La estrategia busca oxigenar la gestión y postergar costos políticos.
La política exterior ha sido utilizada por distintos gobiernos argentinos como un mecanismo para atender crisis internas y recuperar iniciativa política. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor Kirchner y, más recientemente, Javier Milei apelaron a la esfera internacional en momentos de desgaste o conflictividad doméstica.
Durante 1987, en un contexto de crisis económica que precedió a la hiperinflación, el presidente Raúl Alfonsín profundizó su participación en el Grupo Contadora, una instancia diplomática promovida por México, Colombia, Panamá y Venezuela para facilitar el diálogo en Centroamérica. También intervino en la transición democrática de Chile, particularmente en el plebiscito de 1988.
Carlos Menem gestionó en 1999 el ingreso de Argentina al G-20, en un período signado por casos de corrupción y la imposibilidad de buscar una reelección. Su canciller, Guido Di Tella, mantuvo una activa agenda internacional, incluso después de que el Partido Justicialista postulara a Eduardo Duhalde como candidato presidencial.
Néstor Kirchner, tras la derrota parlamentaria por la resolución 125 en 2008, viajó a Colombia para participar en el frustrado rescate de Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC.
En el caso de Javier Milei, la administración actual planteó desde 2023 un enfoque de diálogo constructivo con el Reino Unido y Estados Unidos en relación a las Islas Malvinas. El gobierno buscó consolidar a Argentina como socio confiable de Occidente para facilitar un acercamiento bilateral. Sin embargo, no se registraron avances concretos.
En marzo de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump realizó declaraciones sobre el respaldo de Washington a la posición británica en Malvinas, a partir de una columna del diario The Telegraph. Estas declaraciones no fueron acompañadas de procesos formales en el gobierno estadounidense, como consultas al Departamento de Estado o al Pentágono.
El vínculo argentino con socios tradicionales como Brasil y España presenta tensiones. Con China, la relación es paradójica: el gobierno de Milei destrabó inversiones en represas de Santa Cruz, aunque el presidente no visitó el país y un funcionario de la Secretaría de Comunicación protagonizó un incidente que motivó una respuesta formal del gobierno chino.
La cuestión Malvinas adquirió relevancia en la cultura política argentina a partir de cánticos en eventos deportivos y la exhibición de un trapo alusivo durante los festejos posteriores a un partido contra Inglaterra. El tema tiene rango constitucional.
