Un análisis sobre las bondades del tren como medio de transporte y las razones que explicarían la falta de inversión en su desarrollo en Argentina.
El ferrocarril, con sus servicios de corta, media y larga distancia, constituye un conector terrestre de relevancia para el transporte de personas, animales y materiales. Entre sus beneficios se mencionan la eficiencia en el traslado, la descongestión de rutas con alta circulación vehicular y la contribución a la seguridad vial.
Asimismo, el tren facilita la integración de pueblos y regiones, y permite el movimiento ordenado de cargas entre distintos puntos del país, lo que resulta de utilidad para el desarrollo regional.
A pesar de estos beneficios, la inversión en infraestructura, material rodante y ampliación de capacidades no se ha concretado como una política de Estado. Se plantea la necesidad de un abordaje federal que articule un plan estratégico con horizontes temporales definidos, que contemple la recuperación de estaciones desde una perspectiva de preservación arquitectónica y cultural, y que impulse la industria ferroviaria nacional.
La pregunta que surge es por qué no se prioriza esta inversión, considerando los múltiples beneficios económicos, sociales, turísticos, poblacionales y ambientales que podría aportar.
La presente nota se basa en una carta de opinión firmada por Damián Pablo Ballester.
