Un viajero argentino rememora episodios en El Cairo y Nápoles donde la figura de Diego Maradona generó reacciones entre locales.
Un domingo, al revisar álbumes de fotografías, un viajero argentino recordó anécdotas de un recorrido por el norte de África y el sur de Italia entre diciembre de 2000 y febrero de 2001. En la meseta de Guiza, Egipto, un niño de 13 años lo invitó a pasear en camello entre las pirámides. Al saber que era argentino, el niño exclamó: «¡Argentina, Maradona!».
Días después, al llegar de noche a Nápoles en taxi, el conductor, un hombre con suéter azul, barba espesa y lentes de lectura, preguntó insistentemente por Maradona: «¿De Buenos Aires? ¿Lo conocés a Diego, no? Digo: ¿lo viste? ¿Hablaste con él, verdad? ¿Cómo es en el trato personal?». El viajero intentó explicar que Buenos Aires es una ciudad grande y que Maradona es una figura de alcance mundial, poco accesible. Al llegar al hostel, el taxista se negó a cobrarle.
Tres días después, junto a un amigo, el viajero fue abordado por tres jóvenes en un callejón oscuro de Nápoles. Uno de ellos blandía un cuchillo de mango negro y otro afirmaba llevar un arma de fuego. Al escuchar a las víctimas hablar en español, los asaltantes cambiaron de actitud, les indicaron una ruta segura y se despidieron. Uno de ellos abrió su campera y mostró con orgullo una camiseta del Napoli.
