El exviceministro de Economía durante la gestión de Sergio Massa se pronunció por el actual presidente en un eventual balotaje con el gobernador bonaerense y sostuvo que las políticas económicas del oficialismo son «mucho más sanas», aunque cuestionó el estilo personal del mandatario.
El economista Gabriel Rubinstein, quien se desempeñó como viceministro de Economía durante la gestión de Sergio Massa, afirmó que en un eventual enfrentamiento electoral entre Javier Milei y Axel Kicillof votaría por el actual presidente. La definición se produjo durante una entrevista con el periodista Maximiliano Montenegro, en la que se le consultó a quién elegiría entre ambos dirigentes desde el punto de vista económico.
«Sí, yo creo que las políticas de Milei son mucho más sanas», respondió Rubinstein. No obstante, aclaró que el mandatario «no me gusta como persona» y cuestionó su manera de dirigirse y confrontar con quienes piensan distinto.
La valoración del economista se centró en el rumbo económico de la actual gestión. Entre los aspectos que destacó mencionó el superávit fiscal, al que atribuyó importancia por haber vuelto a colocar la discusión sobre el equilibrio de las cuentas públicas en el centro de la política económica. Sin embargo, remarcó que no se trata de un objetivo novedoso para la Argentina y recordó el resultado fiscal alcanzado durante la gestión de Roberto Lavagna.
«Nosotros teníamos con Lavagna 3% de superávit fiscal primario, más del doble que el actual», señaló Rubinstein al comparar ambos períodos. De esta manera, buscó poner en perspectiva el resultado obtenido por el Gobierno de Milei y diferenciar la discusión sobre la necesidad de sostener el equilibrio fiscal de la interpretación de que se trata de una política exclusiva de la actual administración.
En esa misma línea, el economista planteó la idea de un «mileísmo sin Milei», una expresión que utilizó para referirse a la posibilidad de que algunos de los principales lineamientos económicos impulsados durante la actual gestión puedan continuar más allá de la figura del Presidente. La distinción aparece vinculada con su propia evaluación: mientras reivindicó determinadas decisiones económicas, cuestionó el estilo confrontativo que caracteriza al mandatario.
Al analizar una eventual llegada de Kicillof a la Casa Rosada, Rubinstein sostuvo que no cree que el gobernador vaya a realizar «ninguna locura» si llegara a ganar una elección presidencial. Sin embargo, consideró que una eventual gestión tendría que realizar «un muchísimo esfuerzo» para generar confianza en los mercados, debido a las dudas que existen actualmente sobre el rumbo económico que podría adoptar.
Entre esas dudas, el economista mencionó las relacionadas con el historial del gobernador bonaerense y con algunas de sus posiciones económicas. También señaló los temores existentes en los mercados ante la posibilidad de que una eventual administración de Kicillof tome decisiones vinculadas con la deuda o implemente medidas capaces de generar nuevas presiones sobre el mercado cambiario. Según explicó, esas expectativas forman parte del escenario que los operadores financieros podrían contemplar frente a una eventual elección.
La discusión electoral también apareció vinculada con el mercado de cambios y con la eventual utilización del swap con Estados Unidos. Rubinstein advirtió que el problema podría surgir si existe incertidumbre sobre el resultado de una elección presidencial en la que Milei pueda perder. En cambio, consideró que, si existe una percepción más clara sobre el resultado, el mercado podría mantenerse tranquilo, mientras que un escenario incierto podría impulsar una mayor dolarización.
«Tenés un problema complicado en la activación del swap de Estados Unidos en una elección presidencial donde puede perder Milei», planteó el economista al referirse a ese escenario. Su análisis vinculó así las expectativas electorales con la demanda de dólares y con las condiciones financieras que podrían enfrentar el Gobierno y el mercado durante el proceso electoral.
Además del resultado fiscal, Rubinstein valoró lo que definió como una «impronta de modernización» de la economía argentina durante la gestión de Milei. No obstante, marcó un límite al proceso de transformación y sostuvo que el Gobierno también debe contemplar la situación de las actividades y los puestos de trabajo que ya existen, especialmente frente al avance de nuevas industrias y tecnologías.
En ese sentido, utilizó como ejemplo el desarrollo de sectores vinculados con la inteligencia artificial y planteó que la modernización no debería producir un desplazamiento abrupto de las actividades tradicionales. «No podés pretender que se queden sin laburo», sostuvo Rubinstein, al remarcar que el desafío económico también pasa por compatibilizar la incorporación de nuevas actividades con la preservación del empleo existente.
