Desde el Reino Unido hasta Sudáfrica, pasando por Francia, Estados Unidos, Brasil, Australia y Singapur, siete jardines botánicos reúnen cientos de miles de especies, invernaderos históricos, bancos de semillas y reconocimientos de la Unesco. Cada uno tiene una historia de fundación vinculada a princesas, exploradores y científicos.
Desde el Reino Unido hasta Sudáfrica, pasando por Francia, Estados Unidos, Brasil, Australia y Singapur, siete jardines botánicos concentran algunas de las colecciones vegetales más importantes del planeta. Entre todos suman cientos de miles de especies, invernaderos que datan del siglo XIX, bancos de semillas pensados para sobrevivir a cualquier catástrofe y reconocimientos de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Detrás de cada uno hay una historia de fundación con princesas, exploradores y científicos que transformaron un pedazo de tierra en un símbolo nacional.
Jardines Botánicos Reales de Kew
Los Jardines Botánicos Reales de Kew están ubicados al suroeste de Londres, ocupan 120 hectáreas y albergan más de 50.000 especies de plantas. La Unesco los reconoció como Patrimonio de la Humanidad en 2003. Su historia comenzó en 1759, cuando Augusta, princesa viuda de Gales, sembró un jardín de plantas exóticas que con los años se transformó en referencia mundial.
El Invernadero Templado, el mayor invernadero victoriano que aún se conserva, resguarda 1.200 especies raras y amenazadas de Asia, África, América y Oceanía. El Invernadero de las Palmeras recrea una selva tropical bajo estructuras de hierro del siglo XIX. El Área Natural, donada por la reina Victoria, conserva bosques y senderos elevados. El Paisaje Japonés incluye jardines de la paz, la actividad y la armonía. Más de 350 investigadores estudian la biodiversidad vegetal y custodian el Banco de Semillas del Milenio, con 2.400 millones de semillas.
Jardín Botánico de Nueva York
En 1888, durante su luna de miel en Londres, el botánico Nathaniel Lord Britton caminó junto a su esposa Elizabeth por los senderos de los Jardines de Kew. Esa tarde nació la idea de crear un jardín similar en Nueva York. En 1891 la Legislatura del Estado creó el Jardín Botánico de Nueva York, sobre tierras de la finca Lorillard, en el Bronx. El proyecto contó con el respaldo de Vanderbilt, Carnegie y Morgan, que igualaron los 250.000 dólares reunidos por la ciudad.
Hoy el NYBG ocupa 101 hectáreas y reúne unas 12.000 especies de casi todo el mundo. En su corazón sobrevive el Bosque de la Familia Thain, resto del bosque original de la ciudad, con robles, hayas y cerezos de más de dos siglos. El río Bronx lo atraviesa entre rápidos y un cañón fluvial, junto al viejo Molino de Rapé Lorillard, de 1840. El Jardín de Rosas Peggy Rockefeller guarda más de 650 variedades. El jardín de rocas alpinas, de los años treinta, convive con una colección de coníferas de 15 hectáreas y un jardín de plantas autóctonas. En primavera florecen 200 cerezos. El Conservatorio Enid A. Haupt, invernadero de hierro y cristal de 1902, alberga plantas tropicales y cactus. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1967, recibe cada año a más de un millón de visitantes. En 2024 renovó su marca bajo el lema: “Haz lo correcto según la naturaleza”.
Jardín de las Plantas de París
El Jardín de las Plantas ocupa casi 24 hectáreas en el V distrito de París, junto al Sena. Fundado en 1626 por Guy de la Brosse, médico de Luis XIII, funcionó primero como jardín real de plantas medicinales y abrió sus puertas al público en 1635. En 1793, durante la Revolución Francesa, se convirtió en sede del Museo Nacional de Historia Natural, institución que hoy administra todo el conjunto.
Bajo tierra duermen las plantas perennes del jardín de estilo holandés, con más de cien variedades de iris que florecen cada mayo. En las alturas, la colina del laberinto guarda la Gloriette de Buffon, de 1788, una de las estructuras metálicas más antiguas del planeta. Entre ambos extremos se despliegan la Escuela de Botánica, con 2500 especies clasificadas según su evolución, y el Jardín Alpino, que recrea con microclimas artificiales las condiciones de montañas de todo el mundo.
Real Jardín Botánico de Sídney
El Real Jardín Botánico de Sídney, inaugurado en 1816, es la institución científica más antigua de Australia. Su ubicación junto al puerto de Sídney lo convierte en una de las atracciones más visitadas de la ciudad. El complejo se organiza en cuatro zonas principales: los Jardines Inferiores, los Jardines Intermedios, los Jardines del Palacio y la zona de Bennelong, además de numerosos espacios menores y amplias áreas de césped. Alberga 23.885 plantas y 8.221 taxones diferentes.
Junto a The Domain Sydney y The Australian PlantBank, suma más de 11.900 especies de más de 300 familias botánicas, entre ellas palmeras, orquídeas, cícadas, helechos y suculentas, muchas raras o en peligro de extinción. Una estrategia de colecciones vivas a 20 años guía el crecimiento y la conservación de este patrimonio. El sistema incluye también el Jardín Botánico Australiano de Mount Annan, el más grande del país, con más de 2500 especies nativas y el Bosque de la Llanura de Cumberland, en peligro crítico; y el Jardín Botánico de las Montañas Azules en Mount Tomah, con más de 21.000 especies y el único ejemplar público del pino Wollemi, considerado extinto hasta 1994. Guías voluntarios ofrecen a diario recorridos sobre la historia, la botánica y la fauna del lugar.
Jardín Botánico de Río de Janeiro
El Jardín Botánico de Río de Janeiro nació en 1808, cuando el príncipe regente João VI se exilió en Brasil junto a la corte portuguesa. Ese año fundó el Jardim de Aclimação, luego rebautizado Real Horto, con el fin de adaptar al clima tropical especies traídas de las Indias Orientales, como la nuez moscada, la canela y la pimienta. En 1822, tras la independencia de Brasil, el espacio se abrió al público bajo la dirección de fray Leandro do Sacramento. Su nombre actual llegó en 1890, con la proclamación de la República.
Hoy el Jardín ocupa 137 hectáreas entre bosque y áreas cultivadas, con 16 colecciones y más de 22.000 plantas vivas de 3.453 especies. Entre sus tesoros están el Bromeliario, con más de 10.000 ejemplares, y el Orquideario, con 3.000 plantas de 600 especies distintas. También alberga la mayor colección de cactus de Brasil, un jardín japonés y un sector dedicado a la Amazonía. La Aléia das Palmeiras, bordeada por palmeras centenarias de más de 30 metros, conduce hasta la antigua fachada neoclásica de la Real Academia de Bellas Artes. Declarado Patrimonio Histórico Nacional y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1991, el Jardín recibió a lo largo de su historia a figuras como Albert Einstein y la reina Isabel II.
Jardín Botánico de Singapur
El Jardín Botánico de Singapur cumple un papel único en la historia del país. Sir Stamford Raffles sentó sus bases en 1822, cuando fundó en Fort Canning un primer jardín dedicado a evaluar especias y cultivos con valor comercial. La Sociedad Agrohortícola retomó la idea en 1859 y estableció el jardín en su ubicación actual, en Tanglin, sobre 32 hectáreas cedidas por el gobierno colonial. En sus primeros años funcionó como parque de recreo y llegó a tener un pequeño zoológico, activo entre 1870 y 1906, con leones, tigres, ciervos y monos.
El giro decisivo llegó en 1888, cuando Henry Ridley asumió la dirección. Su método para extraer látex del árbol del caucho, mediante un corte en forma de V que no dañaba la corteza, transformó la economía de toda la región y la convirtió en la principal productora mundial de caucho. Décadas después, bajo la dirección de Eric Holttum, el jardín inició un programa de hibridación de orquídeas. El Jardín Nacional de Orquídeas alberga actualmente más de mil especies y dos mil variedades híbridas, muchas de ellas bautizadas en honor a dignatarios y celebridades como Nelson Mandela, en el marco de la llamada diplomacia de las orquídeas. El recorrido completo suma 82 hectáreas con más de diez mil especies vegetales, un fragmento de selva tropical primaria y colecciones destacadas de jengibres, bromelias y plantas medicinales. En 2015 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad, el primer jardín tropical del mundo en recibir ese reconocimiento.
Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch en Ciudad del Cabo
El Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch se extiende sobre las laderas orientales de la Montaña de la Mesa, en Ciudad del Cabo. De sus 528 hectáreas, solo 36 están cultivadas: el resto es bosque natural protegido y fynbos, la vegetación característica del Reino Floral del Cabo, el más pequeño y diverso de los seis reinos florales del mundo. Allí crecen más de 7.000 especies del sur de África, entre ellas proteas, ericas y restios.
Antes de convertirse en jardín, Kirstenbosch fue territorio de los pueblos khoikhoi y más tarde una finca colonial. Cecil John Rhodes la adquirió en 1895 y, tras su muerte en 1902, la legó al Estado. El botánico Harold Pearson visitó el lugar en 1911 junto a Neville Pillans y decidió que ese era el sitio ideal para un jardín dedicado a la flora autóctona. En 1913 se fundó oficialmente Kirstenbosch, el primer gran jardín botánico del mundo pensado exclusivamente para especies nativas.
Hoy el recorrido incluye el Jardín de Proteas, el Anfiteatro de Cícadas, el arboreto con más de 450 especies de árboles y la Boomslang, una pasarela elevada que serpentea entre las copas de los árboles y ofrece vistas panorámicas de las montañas. También hay senderos de distinta dificultad, algunos de los cuales conducen hasta la cima de la Montaña de la Mesa. La fauna es tan rica como la flora: más de 125 especies de aves conviven con caracales, gansos egipcios, tortugas anguladas y colibríes que se alimentan del néctar de las flores del fynbos. En verano el jardín acoge conciertos al aire libre y funciones de cine y durante todo el año ofrece visitas guiadas gratuitas. Declarado parte del Patrimonio de la Humanidad de la Región Florística del Cabo en 2004, Kirstenbosch combina investigación científica, conservación y disfrute público.
