El primer aniversario del 17 de octubre de 1945, Perón distinguió al diplomático estadounidense que impulsó el acercamiento bilateral y defendió la venta de buques a la Armada argentina.
El 17 de octubre de 1946, el entonces presidente Juan Domingo Perón condecoró al embajador de Estados Unidos en Argentina, George Messersmith, con la medalla de la lealtad peronista. La ceremonia se realizó al cumplirse un año de la liberación de Perón, ocurrida el 17 de octubre de 1945 tras la movilización a Plaza de Mayo.
En febrero de 1946, Perón había vencido en las elecciones presidenciales a José Tamborini, candidato de la Unión Democrática. La condecoración a Messersmith, sucesor de Spruille Braden en la embajada estadounidense, se produjo meses después de una campaña electoral en la que la consigna «Braden o Perón» tuvo un lugar central.
Según la reconstrucción del historiador Carlos Escudé, Messersmith impulsó una política de acercamiento y desarrolló una relación de confianza con Perón. Al regresar a Buenos Aires en febrero de 1947, el diplomático recibió manifestaciones de simpatía y carteles favorables, y se produjo un abrazo entre el presidente argentino y el embajador estadounidense.
El 15 de octubre de 1946, dos días antes de la condecoración, Messersmith escribió a William Clayton, responsable de asuntos económicos del Departamento de Estado, para defender la venta de cuatro buques a la Armada argentina. En la misiva, el embajador reclamaba facilitar la operación y advertía que Estados Unidos perdería posiciones frente a Gran Bretaña si no ampliaba su cooperación con la Armada y la aeronáutica argentinas. Incluso contemplaba retirar inicialmente el armamento de las embarcaciones para destrabar su entrega.
El llamado pacto de caballeros había comprometido a Estados Unidos y Gran Bretaña a restringir el suministro de armamentos a Argentina. En ese contexto, Messersmith defendió el acercamiento. En febrero de 1947 informó a Washington que encontraba un gobierno argentino dispuesto a colaborar y favorable a un pacto de defensa continental.
El artículo original, firmado por la newsletter de Clarín, sostiene que la consigna «Braden o Perón» tuvo una eficacia electoral extraordinaria en 1946, pero que convertirla en doctrina para el siglo XXI constituye una irresponsabilidad. Agrega que Estados Unidos no puede quedar reducido a Braden y que la política argentina no puede seguir organizada alrededor de una campaña de hace 80 años.
El texto también afirma que Perón distinguió entre confrontar con una intervención extranjera y mantener una enemistad perpetua con un país, y que sus imitadores más dogmáticos perdieron esa capacidad. Señala que una dirigencia que exige fidelidad a una frase mientras oculta las decisiones posteriores de su fundador es una memoria mutilada, y que cuando esa mutilación bloquea inversiones, conocimiento, mercados o cooperación, se convierte en un daño nacional.
Respecto de la política internacional, el artículo indica que Perón pensaba la evolución internacional como un tránsito desde las nacionalidades hacia el continentalismo y, finalmente, hacia el universalismo. Menciona un punto de encuentro con la política de «America First» de Donald Trump en la prioridad de la fortaleza nacional, y sostiene que «Argentina Primero» debe asumir la misma responsabilidad respecto de los argentinos.
El texto plantea que el antiamericanismo automático impide formular preguntas sobre la inserción argentina y convierte cualquier acercamiento a Washington en una sospecha de traición. Añade que la izquierda que pretende introducir una lectura comunista de la historia dentro del peronismo debe explicar por qué necesita borrar a Messersmith.
Finalmente, el artículo sostiene que el liderazgo de Trump ofrece una oportunidad para discutir una alianza continental entre naciones que defiendan su producción, su seguridad y su libertad, y que la actividad diplomática de Peter Lamelas abre espacios para convertir esa orientación en relaciones concretas. Concluye que el peronismo debe elegir entre intervenir en esa construcción o seguir custodiando un desencuentro que el propio Perón procuró superar.
