Reportes de seguridad informática confirman un aumento de ataques digitales contra plantas de agua y control aéreo, generando fallas sistémicas y debate sobre la protección de activos sensibles.
Pese al alto al fuego y al cese momentáneo de las operaciones militares terrestres en Medio Oriente, la ofensiva informática contra infraestructuras críticas escaló en varios países. Datos consolidados en un reporte de la firma Check Point confirmaron que grupos vinculados a Irán ejecutaron vectores de ataque mediante malware de borrado de datos contra servidores de la autoridad hídrica nacional de Israel.
En paralelo, el sistema de control aéreo de Teherán sufrió una inyección de código que alteró los parámetros de las señales de los radares secundarios. En las plantas potabilizadoras de la región de Galilea, sensores detectaron niveles anómalos de cloro después de que un acceso remoto no autorizado vulnerara los controladores lógicos programables. Cortes de agua en distritos del sur de Israel afectaron a 30.000 hogares durante ocho horas.
Estos eventos demostraron que la paz física no garantiza la seguridad de las redes informáticas que sostienen la vida urbana. La infraestructura civil se ha transformado en un blanco preferido de grupos no estatales, logrando efectos desestabilizadores sin violar formalmente tratados de paz.
El grupo de respuesta de emergencia informática de Estados Unidos, CISA, emitió una alerta sobre la vulnerabilidad de los protocolos de comunicación industrial que conectan equipos como bombas de agua a internet sin cifrados suficientes. En el puerto de Haifa, la actividad se detuvo por un ataque de ransomware. El costo económico de las reparaciones y el fortalecimiento de defensas en centrales hidroeléctricas ascendió a unos 150 millones de dólares.
El Gobierno de Israel ordenó un aumento del presupuesto destinado a la protección de activos sensibles, calificando los incidentes como una extensión de la agresión por medios tecnológicos no convencionales. Por su parte, Irán autorizó el despliegue de nuevas unidades de ciberguerra para proteger centros de datos de su industria petrolera, que también reportó intentos de sabotaje.
