Una investigación de la Universidad de Illinois analizó la persistencia de los vínculos afectivos después de una separación, encontrando que el proceso de superación completa puede llevar hasta ocho años.
Frases como «tenés que soltar» o «el tiempo lo cura todo» son comunes ante una ruptura amorosa, pero no siempre reflejan la complejidad emocional del proceso. Un estudio científico aporta datos sobre cuánto pueden persistir estos lazos afectivos.
La investigación titulada «La estabilidad a largo plazo de los vínculos afectivos tras una separación romántica: ¿simplemente se desvanecen los apegos?», publicada en 2025 por los psicólogos Jia Y. Chong y R. Chris Fraley de la Universidad de Illinois, analizó a 328 adultos que habían tenido relaciones de al menos dos años y que ya habían terminado.
A través de cuestionarios sobre apego y vínculo emocinal, los investigadores buscaron medir la duración de estos lazos. Los resultados mostraron que, en promedio, se necesitan alrededor de 4,18 años para que una expareja pase a ser alguien del pasado. Sin embargo, el desapego emocional completo puede demorar hasta ocho años. Los autores remarcaron que la variabilidad individual es alta y que, en algunos casos, los sentimientos nunca desaparecen del todo.
En diálogo con Clarín, la psicóloga y sexóloga Mariana Kersz explicó las razones detrás de esta dificultad. «Después de una separación, el cerebro sigue buscando ese vínculo porque estaba asociado al sistema de recompensa, que libera dopamina generando placer. Cuando se corta, aparece una especie de ‘síndrome de abstinencia'», sostuvo. Agregó que la oxitocina, hormona vinculada al apego, hace que la persona siga percibiendo a su ex como una fuente de seguridad, y que la memoria tiende a idealizar los recuerdos positivos.
Según Kersz, separarse implica una desregulación emocional y no depende solo de una decisión consciente. Es un proceso en el que «es necesario reentrenar al cerebro para que pueda generar nuevas conexiones seguras con otras personas». La especialista sugiere que, para atravesar el duelo, pueden ayudar estrategias como generar endorfinas, cortar los estímulos que activen el sistema de recompensa y aprender a regular las emociones.
