El Gobierno enfrenta dudas sobre su capacidad para gestionar los efectos sociales de su política económica, mientras crece el malestar en el conurbano bonaerense y las encuestas registran una caída en la confianza.
El presidente Javier Milei ha mostrado en varias ocasiones que sabe cuándo acelerar y cuándo frenar en materia económica. Sin embargo, la combinación de audacia y moderación que celebran los inversores comienza a generar interrogantes sobre la sostenibilidad de su proyecto en el mediano plazo.
Las dudas se centran en la capacidad del Gobierno para reaccionar ante las tensiones que surgen en los planos económico, político y social, especialmente cuando las medidas parecen contradictorias. La determinación de mantener el rumbo económico inalterable, aun cuando se expanden sus efectos negativos, y la actitud beligerante hacia afuera, sumada a la tolerancia interna frente a escándalos de corrupción, inquietan a los grandes tomadores de decisiones.
El área metropolitana bonaerense (AMBA) se ha convertido en un foco de atención por su alta concentración social y los efectos de la política económica. La caída de ingresos, la pérdida de empleo o el temor a perderlo, el endeudamiento y la prolongación del esfuerzo sin mejoras visibles generan un malestar creciente. A esto se suman los recortes en sectores sensibles como la asistencia a discapacitados y los fondos para universidades, así como escándalos como el incremento patrimonial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que no ha logrado explicar.
Las encuestas reflejan una caída en la imagen presidencial y en la gestión de gobierno durante los últimos dos meses. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Torcuato Di Tella mostró su tercera caída mensual consecutiva, con una baja más pronunciada en los hogares de menores ingresos (12,6%). En el interior del país la confianza sigue siendo más alta (45,3%), aunque allí se registró la mayor caída porcentual (10,57%).
Según un estudio cualitativo de la consultora Trespuntozero, la mala percepción de la economía y la gestión profundiza las emociones negativas. “Hay una sensación generalizada de imposibilidad: aunque uno se esfuerce, no logra salir adelante. El enojo le empieza a ganar a la angustia, y el clima comienza a parecerse al que llevó a Milei al poder”, señaló Shila Vilker, directora de la consultora.
