El rey Carlos III inicia una visita de Estado a Estados Unidos sin encuentros previstos con su hijo menor, el príncipe Harry, lo que pone nuevamente en foco las tensiones dentro de la familia real británica.
LONDRES.– La visita de Estado del rey Carlos III a Estados Unidos, diseñada con precisión diplomática para reforzar los vínculos entre Londres y Washington, avanza rodeada de gestos cuidadosamente calculados y silencios elocuentes. Entre ellos, uno sobresale con fuerza: la ausencia de cualquier encuentro previsto con su hijo menor, el príncipe Harry, una omisión que vuelve a poner en primer plano la fractura dentro de la familia real británica.
El viaje, de cuatro días de duración, incluye paradas en Washington y Nueva York, con una agenda enfocada en recomponer relaciones bilaterales y destacar la cooperación histórica entre ambos países. Sin embargo, pese a que Harry reside en California junto a su esposa Meghan Markle y sus hijos, no figura en el itinerario ningún contacto oficial ni privado entre padre e hijo. Desde el Palacio de Buckingham evitaron hacer comentarios al respecto, reforzando la idea de la distancia institucional.
La relación entre Carlos y Harry atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que el duque de Sussex decidió abandonar sus funciones reales en 2020 y trasladarse a Estados Unidos. Desde entonces, el vínculo se deterioró progresivamente, marcado por declaraciones públicas, proyectos mediáticos y disputas legales que expusieron tensiones internas de la monarquía. Entre los episodios más sensibles se encuentran las memorias publicadas por Harry, en las que reveló detalles íntimos de su vida dentro de la familia real, y la miniserie producida junto a Meghan para Netflix, donde ambos relataron su versión del distanciamiento, especialmente con el príncipe Guillermo.
El reciente viaje “casi real” de Harry y Meghan a Australia, miembro de la Commonwealth, habría generado incomodidad en el Palacio de Buckingham, que interpretó la gira como un intento de proyectar una imagen institucional paralela a la de la monarquía. A esto se sumó la batalla judicial del duque contra el gobierno británico por la retirada de la protección de seguridad oficial durante sus visitas al Reino Unido, un litigio que perdió y que, según él mismo reconoció, profundizó aún más la distancia con su padre.
En una entrevista concedida a la BBC en mayo pasado, Harry expresó su deseo de reconciliación y su preocupación por la salud del rey, quien fue diagnosticado con un tipo de cáncer no especificado el año anterior. “Me encantaría reconciliarme con mi familia”, afirmó entonces, en un tono que contrastaba con la tensión acumulada en los últimos años. Hubo, de hecho, un breve intento de acercamiento en septiembre, cuando padre e hijo se reunieron en Clarence House por primera vez en 19 meses. El encuentro, que duró alrededor de una hora, alimentó expectativas de distensión, pero no logró traducirse en un cambio sostenido en la relación.
Desde entonces, nuevos factores complicaron aún más el panorama. El escándalo que involucra al príncipe Andrés, hermano del rey, tras su arresto por acusaciones vinculadas al caso Jeffrey Epstein, volvió a golpear la imagen de la monarquía y reforzó la percepción de una institución debilitada y fragmentada. Aunque Andrés niega cualquier irregularidad, su caída en desgracia —sumada a la ya existente salida de Harry— redujo significativamente el núcleo activo de la familia real.
En este contexto, la decisión de evitar cualquier encuentro durante la visita a Estados Unidos parece responder a una estrategia deliberada. Según analistas y versiones difundidas en la prensa británica, el Palacio busca evitar situaciones incómodas o imágenes que puedan desviar la atención del objetivo principal del viaje. También se pretende esquivar cualquier asociación con controversias recientes, incluida la relación de miembros de la realeza con Epstein. Al mismo tiempo, versiones periodísticas sugieren que desde el entorno de Harry existía interés en concretar un encuentro, aunque con motivaciones que generan desconfianza en el Palacio. Algunas fuentes sostienen que una fotografía junto al rey podría reforzar la legitimidad pública del duque y su vínculo con la institución, algo que la Casa Real preferiría evitar en este momento.
Incluso en el plano social, esa distancia se hace evidente. Durante su paso por Nueva York, Carlos encabezará una recepción vinculada a la King’s Trust, con figuras destacadas entre los invitados, pero sin presencia de Harry ni Meghan. La exclusión refuerza la señal de que no hay intención de propiciar un acercamiento, ni siquiera en un contexto informal.
Para expertos en la monarquía, como el biógrafo Robert Hardman, la visita tiene un fuerte componente simbólico: recordar los 250 años de relación entre Estados Unidos y el Reino Unido desde la independencia, con un mensaje de reconciliación histórica. Pero, al mismo tiempo, advierten que hay “grandes elefantes en la sala”, en referencia a los conflictos familiares no resueltos que sobrevuelan el viaje.
