La politóloga de 39 años juró como nueva mandataria en un acto en el Estadio Nacional, con un discurso centrado en la seguridad y la reforma judicial.
San José, Costa Rica. La derechista Laura Fernández asumió este viernes como presidenta de Costa Rica, prometiendo que no le temblará el pulso para combatir el crimen organizado. La politóloga de 39 años gobernará los próximos cuatro años tras ganar cómodamente las elecciones del 1 de febrero, impulsada por la popularidad de su mentor, el presidente saliente Rodrigo Chaves, a quien nombró superministro.
“Una respuesta de mano dura porque es lo que ustedes esperan. No me temblará el pulso para enfrentar el crimen organizado”, afirmó tras prestar juramento en un acto multitudinario en el Estadio Nacional de San José. La nueva mandataria ganó los comicios con un programa que incluye reformas radicales al sistema judicial y a las leyes de seguridad.
La semana pasada, Fernández presentó a Gérald Campos como nuevo ministro de Seguridad, prometiendo “una guerra sin cuartel, una guerra total contra el crimen organizado”. Costa Rica abolió su ejército en 1948 y es reconocida como una de las naciones más pacíficas de la región, pero durante el mandato de Chaves la tasa de homicidios alcanzó niveles récord.
Según expertos en narcotráfico y autoridades estadounidenses, el país se ha convertido en un centro estratégico para el envío de cocaína sudamericana hacia Estados Unidos y Europa. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la tasa de homicidios llegó a 17,7 por cada 100.000 habitantes en 2023, la más alta desde que existen registros y más del doble que hace una década.
El nuevo gobierno busca replicar el modelo de “mano dura” del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Fernández prometió una cárcel inspirada en la megaprisión para pandilleros de El Salvador, endurecer las penas e imponer estados de excepción en zonas conflictivas. En la ceremonia, la presidenta juró con la mano sobre la Constitución y una Biblia, en un acto donde por primera vez la banda presidencial fue colocada por una mujer, la jefa de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez.
La población tiene altas expectativas. “Quiero ir por la calle y no temer a una balacera. También espero que baje el costo de vida”, expresó Nancy Gutiérrez, ama de casa de 50 años. Fernández, aliada de Donald Trump como su antecesor, es la segunda mujer en gobernar Costa Rica y afianza a la derecha en Latinoamérica, tras triunfos recientes en Chile, Bolivia y Honduras.
Gobernará con 31 de 57 diputados a su favor, una mayoría que le permitiría buscar aliados para reformar el Estado, especialmente el poder judicial, al que achaca la inseguridad y la protección de élites tradicionales. Opositores y analistas consideran que su proyecto apunta a una hegemonía similar a la de Bukele, quien acumuló poder absoluto e instauró la reelección indefinida, criticada por grupos de derechos humanos.
El politólogo argentino Daniel Zovatto opinó que habrá “una diarquía” y calificó de “muy peligrosa” la concentración de poder en un expresidente con “tentaciones autoritarias”. En tanto, Constantino Urcuyo, doctor en sociología política de La Sorbona, cree que el “modelo Bukele no tiene cabida en Costa Rica” y que aún hay “instituciones fuertes para resistir”.
En su giro a la derecha, Costa Rica cerró su embajada en La Habana, expulsó a diplomáticos cubanos, acepta 100 deportados mensuales desde Estados Unidos y se adhirió al Escudo de las Américas, una alianza antidrogas continental liderada por Kristi Noem. A la investidura asistieron el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau, Noem, el rey Felipe VI y los presidentes de Israel, Chile, Panamá, Honduras, Guatemala y República Dominicana. Bukele no viajó.
Washington ha retirado visas a críticos del gobierno y recientemente a los directivos del principal periódico costarricense, La Nación, al que Chaves llama “prensa canalla”. Organizaciones humanitarias señalan que Costa Rica retrocedió en libertad de prensa y derechos sexuales. Fernández, hija de agricultores, católica y madre de una niña, se considera “liberal en lo económico y conservadora en lo social”. Eligió llamarse presidente, sin “a”. Aunque la pobreza bajó del 23% al 15% en su país, el nuevo gobierno enfrenta el desafío de la inseguridad y las expectativas ciudadanas.
