El Gobierno recibió dos datos económicos positivos en las últimas semanas: la inflación de mayo fue de 2,1% mensual y el PIB del primer trimestre creció 0,7% desestacionalizado. Sin embargo, la inversión cayó un 3,1% respecto del trimestre anterior y se ubicó en 14,3% del PIB, un nivel considerado bajo para un crecimiento sostenido.
En las últimas semanas, el Gobierno recibió dos indicadores económicos que se alinean con el discurso oficial. La inflación de mayo fue de 2,1% mensual, inferior al 3,4% de marzo y al 2,6% de abril. Además, el Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre de 2026 registró un crecimiento de 0,7% desestacionalizado respecto del cierre de 2025, por encima de lo que sugería el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE).
Según el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la formación bruta de capital fijo —indicador de la inversión— cayó un 3,1% en la medición desestacionalizada y un 11,6% en la comparación interanual. Se ubicó en 14,3% del PIB a precios corrientes. El economista autor del análisis señaló que ese registro es “demasiado bajo” para una economía que busca “crecer de manera sostenida, ganar productividad, exportar más, crear empleo de calidad y mejorar salarios reales”.
El informe del Indec mostró que el principal motor del crecimiento fue el consumo privado, que resistió más de lo esperado durante un verano con encuestas de confianza flojas y percepciones económicas negativas. Sin embargo, esa mejora convivió con una nueva caída de la inversión. “El dato fue positivo y mejor de lo esperado, sí, pero la composición del crecimiento sigue planteando preguntas importantes”, afirmó el economista.
Del lado de la oferta, el crecimiento estuvo concentrado en pocas actividades: agro, minería, intermediación financiera y transporte explicaron gran parte del avance. En cambio, la industria manufacturera volvió a caer y el comercio prácticamente no avanzó. “La economía crece, pero lo hace empujada por pocos motores y con escaso derrame hacia ramas más vinculadas al empleo urbano, al mercado interno o al tejido productivo más extendido”, sostuvo el especialista.
El economista advirtió que una economía puede crecer en términos agregados y al mismo tiempo dejar afuera a sectores enteros o no generar una mejora clara en empleo y salarios. “En contextos como el actual, no alcanza con mirar cuánto se crece o cuánto desacelera el índice de precios. Importa también cómo ocurre cada una de esas cosas, sobre qué sectores descansa la mejora y qué capacidad tiene para volverse creíble y difundida”, explicó.
La inversión, según el análisis, es “el puente entre una mejora coyuntural y una transformación más profunda”. Sin ese puente, la economía puede tener trimestres mejores, pero le costará convertirse en otra cosa. El economista agregó que la debilidad de la inversión también depende del contexto político e institucional. “En un programa de cambio tan radical como el actual, la legitimidad no es un adorno moral. Es un insumo económico. Y sin confianza institucional, la inversión se demora, se concentra en pocos sectores o directamente no aparece con la magnitud necesaria”, afirmó.
En conclusión, el economista señaló que sin inversión no habrá desarrollo sostenido, mejora durable del empleo, salarios reales crecientes ni una economía capaz de sostener en el tiempo la promesa de que esta vez es diferente.
