El escritor e historiador del deporte Luciano Wernicke presentó su libro «Goles sangrientos», en el que examina cómo dictadores, regímenes militares y líderes políticos han intentado utilizar el fútbol como herramienta de propaganda y control social, desde Julio Argentino Roca hasta Francisco Franco y la dictadura argentina de 1978.
El escritor e historiador del deporte Luciano Wernicke publicó el libro «Goles sangrientos», en el que analiza la manipulación política del fútbol a lo largo de la historia. La obra incluye citas de Diego Maradona, Joseph Goebbels y Ernesto «Che» Guevara para ilustrar cómo distintas figuras políticas y culturales entendieron el impacto social del deporte.
«Un triunfo en el fútbol no baja el precio del pan», afirmó Maradona. Goebbels sostenía que para los alemanes era más importante ganar un partido de fútbol que tomar una ciudad en el frente del este. El Che Guevara, durante su periplo por América Latina, fue técnico de fútbol en una aldea para ganarse el cariño de la gente.
Wernicke explicó que «el fútbol tiene mucho de política, mucho de economía, mucho de tema social importante, cultural, y un poquito de deporte». El autor señaló que el fútbol funciona como «el verdadero idioma universal», ya que permite conectar con personas de diferentes países y culturas.
En el libro se repasan diversas historias que relacionan el poder político con el fútbol. Una de ellas se refiere a Julio Argentino Roca, quien fue el primer gobernante en ejercicio en asistir a un partido de fútbol. Roca viajó como delegado del gobierno argentino para tratar de evitar una guerra con Brasil y asistió a un amistoso entre las selecciones de Argentina y Brasil. «Le salió mal, porque los argentinos se pusieron tres a cero en el primer tiempo. Cuando terminó el período inicial, Roca salió corriendo al vestuario a pedirles por favor a los jugadores que fueran para atrás», relató Wernicke. El partido terminó cinco a cero para Argentina.
Wernicke afirmó que «ninguno, más allá de quince minutos de aire fresco, pudo obtener del fútbol absolutamente nada» en términos de beneficio político, con una excepción: Francisco Franco en España. Según el autor, Franco prefería que ganaran el Athletic Club de Bilbao o el Fútbol Club Barcelona para mantener la unión de España, ya que esos clubes representaban regiones separatistas.
El libro también aborda el Mundial de 1982 durante la guerra de Malvinas. Wernicke sostuvo que el dictador Leopoldo Galtieri esperaba que una victoria en el Mundial morigerara la desazón por la derrota en la guerra. «Aprendió de la dictadura del 78, que también trató de utilizar el mundial para lavar su imagen, cosa que tampoco logró», declaró.
En cuanto a los mundiales recientes, Wernicke señaló que la motivación tiende más a lo económico que a lo político. Mencionó que los principales auspiciantes de la FIFA son empresas estadounidenses y que el objetivo es ingresar al mercado de India y China, que representan un tercio de la población mundial.
El autor también destacó el impacto de Lionel Messi en el fútbol estadounidense. «Cuando Messi juega con el Inter Miami, los partidos se trasladan a estadios con capacidad para 80 mil personas y se llenan», afirmó. Además, señaló que la MLS se puede ver por Apple TV y que la llegada de Messi incrementó significativamente el número de suscriptores.
