Monseñor Michael Wallace Banach celebró su primera misa pública en la Argentina como nuncio apostólico en la Catedral Metropolitana y transmitió dos mensajes del papa León XIV para los argentinos, además de confirmar la visita del pontífice al país en noviembre.
Con la Catedral Metropolitana como escenario de su primera celebración pública desde su llegada a la Argentina como nuncio apostólico, monseñor Michael Wallace Banach comenzó su misión este jueves con la revelación de dos mensajes de León XIV dirigidos a los argentinos antes de la visita del Papa al país.
Apenas iniciada la homilía, el representante de la Santa Sede compartió las palabras que, según contó, el sumo pontífice le pidió transmitir durante un encuentro que ambos mantuvieron en el Vaticano.
“El pasado mes de junio tuve la oportunidad de encontrarme con el papa León en el Vaticano y él me confió dos mensajes para ustedes”, relató Banach ante los fieles reunidos en la Catedral. “El primero: Dios los ama. Y el segundo: el papa León también los ama”.
El nuncio explicó que el Pontífice quiso hacer llegar a los argentinos “su amor y su misericordia”, asegurarles su cercanía espiritual y paternal, acompañarlos con sus oraciones y alentarlos a seguir creciendo en la fe. Como expresión de esa cercanía, recordó que León XIV visitará la Argentina en noviembre, en lo que será el primer viaje del Papa al país desde el inicio de su pontificado.
La celebración marcó además el inicio formal de la misión pastoral y diplomática de Banach ante la Iglesia argentina. Fue su primera actividad pública después de presentar, el viernes pasado, las cartas credenciales al presidente Javier Milei como embajador de la Santa Sede y de entregar oficialmente al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, la carta por la cual el cardenal secretario de Estado del Vaticano lo acredita como representante del Santo Padre ante la Iglesia local.
“Vengo entre ustedes como representante del Papa, pero también como hermano en Cristo y en el episcopado”, expresó. Luego señaló que su principal propósito será fortalecer los vínculos entre León XIV y la Iglesia argentina y recordó que eligió como lema episcopal la expresión latina Humanitate et caritate (“Con humanidad y caridad”), tomada de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II.
“Estoy seguro de que, teniendo presentes estos dos valores, podremos progresar y crecer juntos en esa realidad viva y verdaderamente hermosa que es la Iglesia Católica en la Argentina”, afirmó.
La ceremonia tuvo además una marcada dimensión institucional. Entre los asistentes estuvo la vicepresidenta Victoria Villarruel, a cargo del Poder Ejecutivo por el viaje del presidente Milei a Ecuador. También participaron el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala; la senadora Carmen Álvarez Rivero; funcionarios nacionales y dirigentes políticos del oficialismo y de la oposición.
Por parte de la Iglesia asistieron el arzobispo Colombo; el vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal, el cardenal y arzobispo de Córdoba Ángel Sixto Rossi; y el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, además de otros obispos y autoridades eclesiásticas.
Después de transmitir el mensaje del Papa, Banach dedicó el resto de la homilía a reflexionar sobre el pasaje evangélico de la Transfiguración. A partir de ese episodio, desarrolló una meditación sobre los cambios, la incertidumbre y el miedo, y sostuvo que la verdadera experiencia de encuentro con Cristo no consiste en permanecer en la comodidad de la cima de la montaña, sino en animarse a afrontar el futuro, aun cuando no se conozca el camino por venir.
En ese marco, convirtió una frase del Evangelio en el eje de toda su predicación: “Levántense. No tengan miedo”.
El nuncio explicó que esas palabras no sólo fueron dirigidas a Pedro, Santiago y Juan, sino que siguen interpelando hoy a todos los cristianos y, en particular, a la Iglesia argentina, llamada a afrontar una nueva etapa.
“Sea cual sea el cambio que haya llegado a tu vida, lo hayas deseado o no; sea lo que sea lo que hoy te abruma, levántate, no tengas miedo”, afirmó. Y agregó que vivir paralizado por el temor implica resignarse a una vida “de menor calidad de la que Dios quiere para cada uno”.
Banach señaló que todos, en algún momento, atraviesan situaciones que superan su capacidad de respuesta y obligan a enfrentar desafíos inesperados. Por eso sostuvo que el mensaje de Cristo invita a mirar el futuro con esperanza, aun cuando el cambio genere incertidumbre o exija abandonar seguridades.
“No debemos tener miedo del futuro”, resumió, al sostener que esas palabras abren un horizonte de confianza para la Iglesia y para cada creyente.
En el tramo final de la celebración, el representante pontificio recordó que este 6 de agosto se cumplieron 82 años del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Evocó a las decenas de miles de víctimas que murieron como consecuencia de la explosión y la radiación, y llamó a no olvidar los sufrimientos provocados por las guerras que continúan golpeando distintas regiones del mundo.
“Al contemplar la gloria divina que resplandece en el rostro de Jesús en el monte de la Transfiguración no debemos olvidar el sufrimiento causado por las guerras, incluidos los conflictos que en este preciso momento destruyen vidas y comunidades en todo el mundo, particularmente en la tierra donde nuestro Señor vivió su vida terrenal”, expresó.
Como cierre, volvió sobre la frase que atravesó toda su primera homilía pública en la Argentina y que sintetizó el tono con el que eligió iniciar su misión pastoral y diplomática en el país.
“Pase lo que pase, siempre necesitamos escuchar las palabras fuertes y reconfortantes de nuestro Señor: ‘Levántense. No tengan miedo’”.
