En la cultura de los pueblos originarios, la presencia de esta ave tiene una connotación especial y se vincula con la buena suerte y la fortuna próxima.
El hornero es el ave nacional de la Argentina. Su imagen se incluyó en el billete de $1000 debido a la importancia que tiene en el país. Para las culturas de los pueblos originarios y criollas, que aparezca en una casa o jardín tiene un significado espiritual.
Según las creencias, que un hornero camine por el patio o se pose en la ventana se relaciona con un buen augurio y la llegada de fortuna, en especial en el ámbito laboral, ya que es un ave que trabaja para construir su nido con barro.
La presencia del hornero en los límites de una vivienda indicaría que el ambiente es seguro y provee alimentos para su subsistencia. Si camina por el jardín, significa que hay insectos y semillas disponibles, lo que señala un espacio abundante y sin contaminación.
El hornero colabora con el equilibrio natural del ambiente y está acostumbrado a vivir cerca de las personas, principalmente en zonas rurales y en ciudades de baja densidad poblacional.
Leyenda del hornero
De acuerdo al Ministerio de Educación de la Nación, las narraciones de raíz folclórica vinculan al hornero con la habilidad del barro. Una leyenda guaraní relata que, frente a la entrada de una choza, un indígena transformaba el barro en vasijas y platos. Era el mejor alfarero de su aldea y al día siguiente debía casarse con la joven más hermosa de la tribu, también alfarera.
Esa noche, el hechicero del pueblo advirtió sobre desgracias derivadas de aquel matrimonio. Bajo esa influencia, el cacique prohibió su celebración. Al enterarse, los enamorados huyeron. Los indígenas los persiguieron y lanzaron flechas con puntas envenenadas que mataron a los jóvenes. Sus almas se transformaron en aves que, con su habilidad para modelar, construyen nidos de barro. Así, la especie quedó vinculada con el amor, la prosperidad y la familia.
