El 15 de agosto de 1972, un intento de fuga masiva desde el penal de Rawson, en Chubut, terminó con solo seis prisioneros evadidos y derivó en la masacre de Trelew. El operativo, planificado por Montoneros, FAR y ERP, falló por una señal malinterpretada por uno de los responsables externos.
El 15 de agosto de 1972, integrantes de Montoneros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) intentaron una fuga masiva del penal de Rawson, en Chubut. El plan contemplaba la evasión de 116 presos, pero solo seis lograron escapar. El resto fue recapturado, y 19 de ellos fueron trasladados a la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew, donde fueron fusilados en un hecho conocido como la masacre de Trelew.
El operativo comenzó a las 18.24 del 15 de agosto. Un guardiacárcel de apellido Fazio, a cambio de dinero, facilitó a los reclusos un uniforme militar y una pistola. Con estos elementos, un grupo de presos, liderados por Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), redujo a unos 70 guardiacárceles y tomó el control de la prisión en aproximadamente diez minutos.
El plan incluía el traslado de los fugitivos al aeropuerto de Trelew, donde secuestrarían un avión de Austral para desviarlo hacia Chile. Para ello, una caravana de vehículos (un Ford Falcon celeste, una camioneta y dos camiones) debía ingresar al penal y transportar a los presos. Sin embargo, la camioneta, conducida por Jorge Lewinger (FAR), se retiró del lugar tras interpretar una señal como una orden de suspensión.
Lewinger declaró en el documental Trelew (Mariana Arruti): “Yo cometí un error, que es lo que siempre me atormentó. Creí que había habido un problema y que estaban avisando que suspendiéramos”. La señal consistía en el movimiento de una frazada desde una ventana del penal, que Lewinger interpretó como una orden de retirada. Los camiones que lo seguían también se fueron.
El Ford Falcon, conducido por Carlos Goldemberg (FAR), ingresó al penal y trasladó a siete dirigentes: Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna (ERP); Marcos Osatinsky y Roberto Quieto (FAR); y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros). Ellos llegaron al aeropuerto de Trelew, secuestraron el avión y volaron hacia Chile.
Los 19 presos restantes, al no contar con los vehículos, solicitaron taxis en la zona. Tres autos los trasladaron al aeropuerto, pero llegaron cuando el avión ya estaba en la pista. Fueron arrestados y llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar. Allí, pese a que se les había garantizado el respeto a sus vidas, fueron fusilados. Solo tres sobrevivieron.
Jorge Lewinger, fallecido en 2023, reconoció en el documental de Arruti: “A mí me persiguió muchísimo durante mucho tiempo como una culpa, de alguna manera. Me sentí muy responsable. La muerte de los compañeros a mí me volvía loco durante muchos años”.
Diversos testimonios de exmilitantes ofrecen versiones sobre la actuación de Lewinger. Pedro Cazes Camarero (ERP) declaró en el libro Primavera sangrienta de Marcelo Larraquy: “Él estaba casi convencido de que íbamos a fracasar. Entonces las pibas le hicieron la señal correcta desde la ventana del primer piso. Lewinger se subjetiviza y huye”. Alicia Sanguinetti (ERP) dijo a la revista Gatopardo: “La señal que vio Lewinger se le hizo para que entrara”. Ilda Bonardi (ERP) afirmó: “Afuera de la cárcel había muchas dudas acerca de las posibilidades de éxito de la operación. Frente al primer obstáculo, (él) abandona y se va”. Celedonio Carrizo (FAR) expresó: “Había una señal que le teníamos que hacer para que entre y otra para que no entre. Entonces, se confundió”. Alicia Bonet (PRT) sostuvo: “Haber desobedecido es una traición. Es un traidor”. Lewinger, por su parte, señaló que recibió el apoyo de sus compañeros de militancia, incluidos Alberto Camps y María Antonia Berger, sobrevivientes de la masacre.
