Un jardín de 280 m² en San Isidro integra canteros curvos, un bosque conservado, una piscina color esmeralda y recorridos estratégicos para ampliar visualmente el terreno. La paisajista Eugenia Anaya describió el estilo como ‘tropical, con aire oriental’.
La paisajista Eugenia Anaya diseñó un jardín en San Isidro, provincia de Buenos Aires, sobre una superficie de 280 m². El proyecto buscó generar una sensación de amplitud y diversidad en un espacio acotado. Entre las decisiones de diseño se incluyó la preservación de la visual hacia la cúpula de la Catedral de San Isidro.
El patio de acceso funciona como una antesala de transición. Incluye un espejo de agua longitudinal de hormigón visto, atravesado por una plataforma de hormigón a modo de puente flotante. La vegetación se dispone en canteros elevados en planta alta, con especies como Wedelia trilobata, Dietes, Iris, Anemone japonica, helechos, filodendros y daturas rosadas. Un Acer palmatum actúa como hito vegetal y filtra visuales hacia los vecinos. En los límites perimetrales se plantaron bananeros para aportar escala vertical.
El recorrido secundario se complementa con superficies de piedra partida fina y bloques de piedra que conectan el garaje con el acceso principal. Los muros perimetrales se cubren con tapizantes y especies colgantes. En el pórtico de ingreso se utilizaron enredaderas de sombra como Tetrastigma sp. y Monstera deliciosa.
El jardín posterior se organiza con canteros curvos que estructuran el espacio exterior. Un sendero lateral de quebrachos conduce a un fogonero, ubicado en un claro del bosquecito de coníferas y liquidámbar preexistentes. Se conservaron estos árboles para generar intimidad respecto de las construcciones vecinas. Bajo su sombra se proyectó un espacio de estar con bancos fijos de mampostería y madera dura.
El acceso al jardín se articula mediante una pérgola de hormigón con cerramiento vidriado. Desde este espacio se preservó deliberadamente el eje visual hacia la cúpula de la Catedral de San Isidro. La piscina, revestida con tejuelas de tonos esmeralda tipo piedra Bali, funciona como elemento central del proyecto.
La propuesta botánica se estructura a partir de los árboles preexistentes, que filtran la luz solar y generan un microclima húmedo. La vegetación incluye bananeros, strelitzias, orejas de elefante, güembés, helechos, boinas de vasco y dólar negro. Una palmera cola de pescado (Caryota urens) enmarca la visual desde el estar interior.
El proyecto fue publicado en Instagram por @anayaeugenia.
