La religiosa argentina afincada en Manresa, a punto de cumplir 60 años, reflexiona sobre el papel de los mayores, la juventud, la fe y el compromiso social.
En otoño, Sor Lucía Caram cumplirá 60 años. La monja nacida en Argentina y residente en Manresa desde hace más de tres décadas afirma que atraviesa su mejor momento. Su presencia en medios de comunicación y su labor social la han convertido en una de las religiosas más conocidas del país.
Religiosa dominica, activista e impulsora de proyectos sociales, Caram comenzó su vocación a los 18 años con voluntariado junto a inmigrantes y enfermos terminales. Una crisis personal la llevó a la vida contemplativa. La congregación la destinó a España y, al conocer la comunidad dominica del Convento de Santa Clara, cerca de Montserrat, decidió quedarse.
En una entrevista, Caram sostuvo que la energía le viene de vivir en comunidad y de sus compromisos con las personas. Afirmó que no puede salvar el mundo, pero que si deja de hacer ciertas cosas, hay gente que se queda en el camino. También señaló que la esperanza no es ideológica ni optimismo ingenuo, sino una decisión de luchar y seguir sembrando.
Respecto a los mayores, Caram declaró que las entidades sociales no han evitado una fractura social, sino que lo han hecho las personas mayores, que actúan como cuidadores de sus nietos y sostienen la economía familiar con pensiones bajas. Añadió que durante la pandemia se dijo que había que valorarlos, pero que luego fueron olvidados.
Sobre los jóvenes, opinó que son fantásticos, pero que hoy no hay compromiso y que las pantallas han congelado la afectividad y la empatía. Dijo que las relaciones virtuales los han alejado del corazón de las personas.
Caram se mostró crítica con los influencers católicos que dan un mensaje fácil de éxito, y afirmó que el compromiso es más importante que las palabras. También se refirió a su infancia en Tucumán, Argentina, en un contexto de guerra y dictadura militar, que marcó su compromiso social.
La religiosa expresó preocupación por los datos de consumo de antidepresivos y suicidios entre jóvenes, y consideró que hay una carencia de afectividad y proximidad. Sobre la fe, dijo que no es la de sus padres ni la de la iglesia, sino una decisión personal, y que la vive como seguimiento a Jesús.
Caram destacó la importancia del silencio para la reflexión y aseguró que no tiene miedo a la muerte, porque tiene la certeza de que el amor no puede morir. Mencionó que el Papa Francisco, dos meses antes de morir, le dijo: “Lucía, te prometo que te ayudaré siempre”, y que siente que está vivo.
