El expresidente presentó la actualización de «La revolución productiva» y sostuvo que la inteligencia artificial puede combatir la corrupción estructural. El Movimiento Productivo Argentino, fundado en 2001, impulsa la iniciativa.
El expresidente Eduardo Duhalde presentó la reedición actualizada de su primer libro, La revolución productiva, de la Argentina especuladora a la Argentina del Trabajo, publicado originalmente en 1987. Durante el anuncio, afirmó que «un país no puede crecer de una manera sostenida si no produce» y sostuvo la necesidad de «una política industrial que genere empleo genuino, y vuelva a poner a la industria en el centro de las decisiones económicas».
Duhalde declaró que la propuesta incluye «consolidar un movimiento que promueva el desarrollo productivo integral» y que centre su estrategia «en la lucha frontal contra la corrupción estructural, utilizando para ello las herramientas más avanzadas que nos brinda la tecnología moderna».
Como ejemplo, mencionó el caso de Estonia: «una nación que ha logrado reducir drásticamente la corrupción para convertirse en uno de los países menos corruptos y más productivos de la Unión Europea. Digitalizó todo el Estado, conectó las bases de datos públicas entre sí y puso la información oficial al alcance de cualquier ciudadano».
El referente del Movimiento Productivo Argentino (MPA) señaló que decidió reeditar el libro «por considerar que es el único camino viable para salir definitivamente de la crisis económica y social que padecemos los argentinos». Indicó que en la obra aborda «el crecimiento económico atado a la justicia social, decirle basta a la especulación financiera, y de instalar un capitalismo productivo».
El MPA fue creado el 21 de junio de 2001 junto a Raúl Alfonsín y hoy está inscripto como partido político. Duhalde recordó que nació «como un espacio de reflexión en medio de la profunda crisis socioeconómica que estaba atravesando el gobierno de Fernando de la Rúa». Agregó que intentaban «ayudarlo a impulsar el trabajo, la producción y el diálogo social. Él no lo vio así, pero meses después fue el modelo que exitosamente aplicamos en mi gobierno desde enero de 2002».
Respecto de la situación actual, sostuvo que «casi cuatro décadas después, aquella idea mantiene toda su vigencia» y que el país cuenta con «recursos naturales, capacidad industrial, talento y conocimiento». Añadió que «hoy contamos con una herramienta muy importante llamada Inteligencia Artificial que ya nos permite producir mejor, agregar valor a las cosas, generar más trabajo, y puede ayudarnos a desterrar para siempre el drama de la corrupción».
Duhalde vinculó la corrupción con el desarrollo: «esa que perjudica el crecimiento económico y el desarrollo social, fragiliza la democracia y sacrifica vidas humanas porque drena recursos que deberían ser aplicados y destinado a programas de salud, educación, seguridad y asistencia social».
Y concluyó: «es imposible hablar de una cosa si no hablamos de la otra. Son dos caras de la misma moneda. Terminar con la corrupción estructural es la tarea histórica más urgente que nos debemos como Nación. Si no le ponemos fin a esta práctica sistemática, ningún esfuerzo colectivo que hagamos como sociedad para producir y exportar cumplirá su objetivo. Es exactamente igual a querer cargar agua en un balde agujereado: por más recursos que volquemos, el valor se fuga antes de llegar a la gente».
El expresidente manifestó que «mientras Dios me de fuerzas voy a seguir trabajando incansablemente para resolver estos temas» y calificó la iniciativa como «una verdadera obligación moral con nuestra historia y con el futuro de todos los argentinos».
