Los líderes de Escocia, Irlanda del Norte y Gales exigieron referendos de independencia en un comunicado conjunto. El estancamiento económico desde la crisis de 2008 y el impacto del Brexit son factores que inciden en el debate sobre la unidad del Reino Unido.
Los líderes de Escocia, Irlanda del Norte y Gales emitieron a mediados de septiembre un comunicado conjunto en el que exigieron el derecho a celebrar referendos de independencia y a la autodeterminación de sus pueblos. Por primera vez en la historia, tres de los cuatro países del Reino Unido están gobernados por fuerzas que promueven la independencia.
Las reivindicaciones nacionalistas de esas naciones tienen una tradición de varios siglos, pero su presencia en la agenda pública británica se ha incrementado en las últimas dos décadas, en un contexto de estancamiento económico del Reino Unido.
La crisis financiera de 2008
El economista y profesor de política exterior del Reino Unido en el Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, Federico Vaccarezza, explicó a Ámbito que «el verdadero resbalón británico en la economía internacional es a partir del 2008», con la crisis financiera internacional. Afirmó que esa recesión global «le pegó mucho peor» al gobierno británico que a los demás países europeos.
A diferencia de Francia o Alemania, el porcentaje de los servicios dentro del PBI era mayor en el Reino Unido, sobre todo debido a su sector financiero. Eso «le generaba en cierta medida un dinamismo y una llegada de capitales que derramaba sobre el conjunto de la estructura económica, generando empleos y mucha abundancia de capital lo que le permitía tener las tasas de interés más bajas».
Cuando ocurrió la crisis de 2008, el sector financiero de Londres fue el más afectado, con un movimiento masivo de capitales a las bolsas de París y Frankfurt. «(Reino Unido) fue el que tuvo más quiebres de aseguradoras y bancos, perdió mucho prestigio y mucha seguridad», planteó Vaccarezza.
A diferencia del Reino Unido, «el resto de los países no tenía una economía tan anclada a los servicios financieros», lo que permitió una recuperación más rápida. «En el 2010-2011 ya habían empezado a dinamizarse, para el 2012-2013 ya habían salido. Reino Unido todavía no mostraba un signo de recuperación verdaderamente sostenible en el tiempo», señaló.
«El resto de los países de Europa sale más rápido, Reino Unido no: los números de 2009 no fueron buenos, los de 2010 tampoco y a partir de ahí hay algo que nunca más se recuperó, la competitividad frente a los estándares europeos. Quedó más endeudado y con una pérdida de competitividad muy fuerte que nunca se volvió a revertir», detalló.
El impacto del Brexit
Ese malestar se amplificó luego de que el Reino Unido decidiera salir de la Unión Europea (UE) mediante el Brexit en 2016 y la apuesta por el proyecto de Global Britain. A través del mismo, buscaba reducir la centralidad de la relación con la UE para fortalecer los vínculos con Estados Unidos, las excolonias de la Commonwealth y realizar un giro estratégico hacia la región del Indopacífico. Según Vaccarezza, ese proyecto «se terminó estrellando contra las rocas».
Según estimaciones del National Bureau of Economic Research (NBER), para finales de 2025, el Brexit había reducido el PBI del Reino Unido entre un 6% y un 8%, «con un impacto que se fue acumulando de manera constante con el paso del tiempo». El estudio concluyó que la inversión se redujo entre un 12% y un 13%, el empleo entre un 3% y un 4%, y la productividad entre un 3% y un 4%.
En consulta con Ámbito, el economista e investigador Gregory Thwaites —uno de los autores responsables del estudio del NBER— afirmó que «las posibilidades de cerrar acuerdos comerciales importantes y profundos son limitadas» bajo la estrategia de política exterior actual. «Es mejor intentar reincorporarse al mercado único y la unión aduanera de la UE», reconoció.
Esa alternativa gana peso en las encuestas. Según la encuestadora internacional YouGov, el 22% de los votantes que apoyaron el Brexit en 2016 votarían ahora por reincorporarse a la UE. En un hipotético referéndum, el 52% de los británicos votaría a favor de reincorporarse a la UE, mientras que el 27% votaría por permanecer fuera del bloque.
La trampa de la deuda
El desgaste en la economía de las islas trajo aparejado el incremento de su deuda. Si bien las principales economías registraron un aumento en los rendimientos de los bonos a largo plazo durante el último año, el caso del Reino Unido muestra las mayores debilidades.
En comparación con los otros miembros del G7, los bonos británicos tienen los costos de endeudamiento más altos: el título a 10 años del Estado británico actualmente tiene una tasa de 5,4%, mientras que el de Estados Unidos es de 5,2%, seguido de Francia (4,8%), Italia (4,5%), Canadá (3,9%), Alemania (3,5%) y Japón (3%).
«La tasa de interés a largo plazo relativamente alta del Reino Unido refleja, en parte, la falta de las ventajas con las que cuentan otras economías», explicó el think tank británico Chatham House en un análisis de la deuda soberana del país.
«La libra esterlina no goza del papel de activo de reserva global que tiene el dólar estadounidense. Los bonos del Estado británico (Gilts) no se benefician de la fuerte preferencia de los inversionistas japoneses por los activos de su propio país. Y el Reino Unido no cuenta con el respaldo financiero y económico que le brinda su pertenencia a la Unión Europea», comparó.
Chatham House afirmó que los mercados financieros ven al Reino Unido como «un país acorralado por un crecimiento estructuralmente bajo, crecientes necesidades de gasto social y en defensa, y una recaudación fiscal que ya se encuentra en niveles históricamente altos».
Sumado a la volatilidad política de los últimos años —hubo siete primeros ministros desde la salida de David Cameron en 2016—, eso hace que el gobierno del Reino Unido «sea más propenso que otros a intentar salir de su aprieto recurriendo a un mayor endeudamiento para impulsar el gasto».
Como consecuencia, la deuda del Reino Unido ya se encuentra en un nivel históricamente alto, equivalente a más del 100% de su PBI.
Varios factores llevaron a esa situación, según el think tank. Algunos, como la pandemia y el envejecimiento de la población, «estaban o están fuera del control del gobierno». Pero muchos fueron «autoinfligidos» como la crisis de 2008 y «las medidas de austeridad que le siguieron», además del Brexit.
A eso se agregaron «la breve pero dramática desviación del gobierno de (Liz) Truss respecto a la responsabilidad fiscal y la incapacidad del actual gobierno laborista para convencer a sus diputados de base de la necesidad de controlar el gasto social».
El después
Thwaites argumentó que para revertir esta situación se debería —además de volver al mercado común de la UE—, «seguir reformando las normas de uso del suelo, reformar el sistema tributario para lograr una mayor eficiencia con un nivel determinado de redistribución, y no tocar lo que ya funciona (la regulación del mercado laboral y la educación preescolar y primaria)».
En relación con la situación fiscal, no se mostró alarmista y aseguró que «mientras el gobierno se mantenga firme en su política de consolidación, no será un problema que frene el avance del país». Instó además por reformas fiscales para recaudar más ingresos «sin perjudicar la eficiencia de la economía», como así también una serie de reformas al sistema de prestaciones «para fomentar la participación de los trabajadores más jóvenes».
Enfatizó que el Reino Unido tiene un PBI per cápita similar al de Canadá y Francia, por lo que si bien está «muy por detrás» de Estados Unidos, Alemania y los Países Bajos, «no es en absoluto desastroso».
Por su parte, Vaccarezza hizo énfasis en las dificultades que tendrá Londres en normalizar sus relaciones con el resto de las naciones que componen Reino Unido, en un contexto en que Escocia, Irlanda del Norte y Gales se muestran cada vez más interesados en volver a la UE. «La salida de la Unión Europea para ellos tuvo un impacto económico durísimo, lo tuvo para Reino Unido en general, pero para ellos fue mayor».
Afirmó que «esas naciones nunca se sintieron parte de Gran Bretaña como los ingleses», sino que «mientras fueron un imperio obtuvieron beneficios, pero no se sienten británicos, se sienten primero escoceses, irlandeses, galeses y estaban con los ingleses por una cuestión netamente utilitaria».
Por ese motivo, afirmó que «eso implica una crisis de mayor profundidad» que se agrava en el marco de la crisis económica actual. «Se necesitaría una fuerza de voluntad y una cantidad de recursos tan grande desde Londres para poder negociar que yo no sé si existe», comentó el economista y docente de la UNLP, que agregó que «se necesitaría realmente un cambio de políticas y de miradas de la economía muy urgente para tratar de revertir una situación que es complicadísima y que nadie sabe cómo va a salir».
