Una investigación con 120 adultos de entre 20 y 91 años encontró que la edad se relaciona con una sensación de aceleración de la última década, aunque no del último año. El trabajo fue realizado por psicólogas de la Universidad Sapienza de Roma.
Un estudio publicado en 2026 por las psicólogas Alice Teghil y Maddalena Boccia, de la Universidad Sapienza de Roma, junto con otros investigadores, analizó la relación entre la memoria, el funcionamiento cognitivo y la percepción del paso del tiempo en 120 adultos de entre 20 y 91 años.
Los participantes evaluaron cuánto tiempo sentían que había transcurrido durante el último año y durante la última década. Los resultados indicaron que la edad se relacionaba con una percepción más acelerada de los últimos diez años: cuanto mayores eran los participantes, más rápido tendían a sentir que había pasado ese período. Ese patrón no apareció con la misma claridad al preguntar únicamente por el último año.
Los investigadores no encontraron que la aceleración percibida estuviera directamente relacionada con la cantidad de recuerdos autobiográficos que los participantes podían recuperar ni con lo vívidos o significativos que fueran. Las personas mayores podían recordar experiencias personales intensas y relevantes. Lo que apareció relacionado con la percepción temporal fue otro aspecto de la memoria: la capacidad para codificar y recuperar información nueva.
Los participantes con menor rendimiento en pruebas de memoria diferida tendían a percibir la década como transcurrida con mayor rapidez. El estudio distingue entre dos formas de percepción temporal: una tarde aburrida puede sentirse larga mientras ocurre y parecer casi inexistente al recordarla; un viaje lleno de novedades puede pasar rápido mientras se disfruta, pero ocupar mucho espacio en la memoria retrospectiva.
Según los autores, entre los 60 y los 70 años lo que puede cambiar es cuántas diferencias registra el cerebro entre unos períodos y otros y cómo consigue recuperar después esa información.
