Susan Solomon Yem describió cómo su hijo mayor se mudó desde Boston a San Francisco con cuatro días de aviso y las pertenencias que dejó atrás.
El hijo mayor de Susan Solomon Yem se mudó desde Boston hasta San Francisco a los 19 años, después de un comienzo universitario que no había salido como esperaba. El aviso de la partida fue un lunes y el viaje se realizaría el jueves, según relató Yem.
Yem indicó que no intentó detenerlo. A esa misma edad, ella había comunicado a su propia madre con cuatro días de anticipación que dejaría la casa familiar para irse a Phoenix con su hermano.
El joven emprendió el viaje en una camioneta junto con otros tres jóvenes de 19 años. Llevaba pocas pertenencias para recorrer los aproximadamente 4.800 kilómetros que lo separaban de su familia. «No recuerdo haber llorado cuando lo vi marchar», afirmó Yem.
La casa era pequeña y Yem había aprovechado cada espacio para acomodar a sus cinco hijos. Cuando el mayor llegó a la pubertad, convirtió el antiguo cuarto de juegos del sótano en su dormitorio para darle más privacidad. En cuanto se marchó, uno de sus hermanos quiso ocuparlo.
Antes de permitir la mudanza, Yem revisó lo que el joven había dejado atrás. Encontró algunos libros, aparatos electrónicos antiguos, ropa que ya no le servía y una vieja revista Playboy escondida bajo unos suéteres, un descubrimiento que le causó gracia porque recordó una escena similar de su propia juventud.
El hijo llegó a la costa oeste cinco días después. Consiguió trabajo en la línea de montaje de una fábrica de productos electrónicos y, con el tiempo, esa experiencia lo impulsó a regresar a la universidad y comenzar el camino hacia su futura carrera profesional.
Tiempo después, cuando el joven consiguió su propio departamento, Yem viajó para ayudarlo a instalarse. Durante el recorrido por la vivienda entró en el dormitorio y vio sobre el colchón un oso de peluche que su hijo había tenido desde que era muy pequeño y que aparecía bajo el árbol cada Navidad. Ella no sabía que lo había llevado a San Francisco.
La mayoría de las cosas que había dejado en Boston parecían confirmar que estaba dispuesto a abandonar una etapa de su vida. El oso mostraba algo diferente: había decidido llevar consigo al menos una pequeña parte de aquella infancia.
Para Yem, ese objeto convirtió una distancia enorme en algo más soportable. Al verlo comprendió que, aunque su hijo estuviera viviendo a miles de kilómetros, «no estaba tan lejos de casa».
