Arantxa y Saúl se mudaron a una pequeña aldea de Asturias durante la pandemia. La pareja restauró una casa abandonada y cría a sus dos hijos en un entorno rural. La historia fue difundida por el canal de YouTube Crónicas Berasategui y publicada por el diario catalán Diari de Girona el 17 de octubre.
Arantxa, de 34 años, y su marido Saúl decidieron abandonar la vida urbana y trasladarse a una pequeña aldea de Asturias, rodeada de montañas y naturaleza. La historia fue difundida por el canal de YouTube Crónicas Berasategui, del creador Ibon Berasategui, y publicada por el diario catalán Diari de Girona el 17 de octubre pasado.
Durante la pandemia, la pareja comenzó a cuestionar su estilo de vida y a imaginar un futuro diferente. Según explicó Arantxa, buscaban «más libertad y tranquilidad» y un entorno donde sus hijos pudieran crecer con mayor autonomía.
Uno de los principales motivos del cambio fue la educación de los hijos. Arantxa sostuvo: «Yo pensaba en el futuro de mis hijos y me decía: no quiero que crezcan en un sitio donde haya miedo». La pareja consideró que en muchos entornos urbanos los niños han perdido parte de la libertad para jugar al aire libre.
Arantxa es oriunda de Pulpí, Almería, y Saúl del norte de Palencia. Encontraron en Asturias el lugar para concretar su proyecto familiar. Hoy sus hijos Gala, de cinco años, y Arturo, de tres, crecen rodeados de árboles, montañas y espacios abiertos.
Al llegar a Asturias, Arantxa estaba embarazada de su primera hija. La pareja encontró una propiedad que llevaba aproximadamente treinta años cerrada y en ruinas. Decidieron reconstruirla: recuperaron estructuras de piedra y madera, conservaron una cocina tradicional de leña y comenzaron a trabajar el terreno para cultivar alimentos, plantar árboles frutales y tener animales.
Arantxa reconoció que mudarse al campo no implica necesariamente ahorrar dinero. La autosuficiencia requiere conocimientos, inversión, paciencia y trabajo, y por ahora deben comprar buena parte de los alimentos que consumen. En cuanto a la educación, la escuela está ubicada a unos diez minutos y cuenta con transporte escolar, comedor y actividades extraescolares.
Consultada sobre su experiencia, Arantxa afirmó: «Los límites nos los ponemos nosotros mismos».
De acuerdo con UNICEF, el juego es una herramienta fundamental para el desarrollo emocional, social y cognitivo de los niños. La Organización Mundial de la Salud, en sus directrices de 2019 sobre actividad física para menores de cinco años, recomienda promover el movimiento cotidiano y reducir el sedentarismo. Los especialistas advierten que el bienestar infantil depende de múltiples factores y que vivir en el campo no garantiza automáticamente una crianza más saludable, ya que los vínculos afectivos, la educación, la seguridad y el acceso a servicios siguen siendo fundamentales.
