La codirectora de la Escuela de Sex Coaching de América Latina y autora del libro ‘Acabar’ describe su recorrido profesional y los alcances del sex coaching, una disciplina conversacional y educativa que no realiza diagnósticos ni tratamientos clínicos.
Flopi Peych, codirectora de la Escuela de Sex Coaching de América Latina y autora del libro Acabar (Diana), afirmó que al decir que es sex coach “aparecen dos reacciones: la persona que se pone colorada, y la que empieza a contarte su vida sexual completa. ¡No hay término medio!”. Según describió, las consultas surgen en ámbitos sociales diversos y pueden extenderse por largo tiempo, lo que, a su entender, “demuestra la enorme necesidad que tenemos de hablar de sexualidad”.
El recorrido de Peych comenzó hace casi veinte años con un emprendimiento comercial de venta de juguetes sexuales en Uruguay. Señaló que los productos más vendidos eran el anillo vibrador descartable y los aceites para masajes, y que la venta abría conversaciones que excedían la compra. “Había personas que venían a comprar un lubricante y terminaban conversando una hora conmigo”, recordó. “Ahí entendí que no estaba simplemente vendiendo productos al estilo Tuppersex. Estaba abriendo conversaciones que nadie se animaba a tener”.
Qué hace una sex coach
Consultada sobre su tarea, Peych explicó que el sex coaching consiste en acompañar procesos individuales o de pareja mediante preguntas, objetivos y ejercicios de autoconocimiento. Las consultas pueden abordar el deseo, la comunicación, las creencias sobre el sexo o la exploración del placer. “Una sex coach no te dice cómo tenés que vivir tu sexualidad, sino que te acompaña a descubrir cómo querés vivirla vos”, definió.
Peych aclaró que el sex coaching no realiza sexología clínica ni psicoterapia. Indicó que su enfoque es conversacional y educativo, con herramientas de coaching, Programación Neurolingüística (PNL) y trabajo corporal. “No diagnosticamos ni tratamos enfermedades o disfunciones sexuales”, sostuvo. Ante situaciones que requieren evaluación clínica, como dolor, posibles causas hormonales, efectos de medicamentos o trauma, corresponde recurrir a profesionales de la salud habilitados.
Más cuerpos a la vista, menos intimidad
En marzo de 2026, Peych llevó al escenario de TEDx Punta del Este una pregunta que, según afirmó, es de las que recibe con más frecuencia: “¿Dónde está mi deseo que no lo puedo encontrar?”. “O, mejor dicho, ¡¿dónde están las ganas de tener ganas?! Vivimos en una época en la que aparentemente tenemos más libertad sexual, más información y más estímulos que nunca. Pero, paradójicamente, muchísimas personas sienten que perdieron las ganas”, planteó.
Para Peych, la pregunta por el deseo exige mirar las condiciones de vida, los mandatos y las expectativas sobre cómo debería funcionar la sexualidad. “Quería cuestionar justamente esa idea de que el deseo aparece o desaparece por arte de magia. Porque ¡también está bien no tener deseo! No se trata de convertirlo en una nueva obligación. Pero si es algo que queremos recuperar, vale la pena preguntarnos qué está pasando”, agregó.
En su libro, Peych escribió que “hubo un tiempo donde sacarse la ropa era considerado un gesto memorable”. Consultada por Clarín, dijo que “esa frase nació cuando diseñé mi primera página web hace tantos años: las pin-ups. Me fascinaba ese universo donde la sugestión, el juego y la seducción tenían tanto protagonismo; donde no hacía falta mostrarlo todo para despertar el deseo. Hoy mostramos muchísimo y quizás nos encontramos bastante menos”.
La comparación con el presente, aclaró, no implica idealizar el pasado. Mientras antes había más represión, culpa y silencio en torno al sexo, hoy la exposición de los cuerpos convive con una paradoja: ver desnudos en una pantalla no garantiza una mayor conexión con la propia intimidad. “Una cosa es mostrar un cuerpo. Otra muy distinta es habitarlo. Y una cosa es ser deseado. Otra es desear. Para mí, ahí está una de las grandes conversaciones pendientes de nuestra época: recuperar el juego de la seducción, la sugestión, el misterio, ¡lo inesperado!”, concluyó.
