El Equipo Argentino de Antropología Forense anunció la identificación de los restos de nueve personas secuestradas durante la última dictadura cívico-militar. Los hallazgos se produjeron en el predio Loma del Torito, en cercanías de La Perla, Córdoba. La búsqueda continúa sobre sedimentos removidos en 1979.
El juez Miguel Hugo Vaca Narvaja, titular del Juzgado Federal N°3, anunció el viernes 23 de octubre en los Tribunales Federales de Córdoba la identificación de los restos de nueve personas secuestradas durante la última dictadura cívico-militar. Los nombres corresponden a Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bordereau (22), Néstor Albino Acosta (20), Pascual Delfín Ludueña (29), Claudio Norberto Nardini (34), Cecilia Alicia Pessina de Ávila (27), Mónica Protti de Guillén (24), Mercedes del Valle Ramírez (22), María Luisa Salto (20) y Juan Carlos Soulier (23).
Los restos fueron hallados en Loma del Torito, un predio ubicado en cercanías de La Perla, donde el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) trabaja desde abril en la búsqueda de rastros de víctimas de la dictadura. Según explicó Mariela Fumagalli, directora para Argentina del EAAF, en el lugar no se encuentran cuerpos completos sino «sedimento, suelo revuelto con pequeños fragmentos».
Fumagalli indicó que la dificultad se debe a una intervención ordenada en 1979 por altos mandos del Ejército, que consistió en la remoción de los cuerpos que habían sido ejecutados e inhumados clandestinamente con anterioridad. «No nos imaginemos esqueletos, no nos imaginemos la imagen tradicional del arqueólogo con un pincelito y un cucharín excavando un esqueleto. Acá encontramos sedimento, suelo revuelto con pequeños fragmentos», declaró.
El procedimiento de búsqueda comienza con la extracción de tierra, que pasa por una máquina con tres mallas de 3, 15 y 30 milímetros. El material más pequeño, que representa entre el 75% y el 80% del volumen, se descarta. El resto se revisa manualmente. Tania Quiroga, integrante de la cooperativa Roby Santucho, que realiza esa tarea, contó: «Nosotros lo que hacemos es del acopio que nos traen con la máquina buscar fragmentos como huesos, dientes y a veces anillos o pertenencias». Agregó que las pertenencias pueden tener datos como nombres, descripciones o grabados que ayuden a reconocer a alguien. La jornada de trabajo es de nueve horas y, según Quiroga, «siempre se encuentra algo».
Los fragmentos recuperados son trasladados al laboratorio para determinar cuáles pueden aportar información genética. Fumagalli explicó que los elementos óseos seleccionados se someten a extracción de perfil genético y se comparan con las muestras de sangre entregadas por familiares de personas desaparecidas al EAAF. Actualmente se realizan comparaciones con alrededor de 11.000 muestras de todo el país. La directora del EAAF sostuvo que es importante que más familias se acerquen a aportar muestras o actualizar sus datos de contacto, y destacó que los avances científicos permiten hoy trabajar con familiares más distantes biológicamente.
Durante la campaña se realizaron excavaciones para detectar anomalías en el terreno. Una de ellas permitió delimitar una zona donde se concentraron hallazgos. Los investigadores compararon los sedimentos con una zona de referencia no alterada y observaron diferencias en color, granulometría y profundidad. En ese sector la excavación alcanzó casi cuatro metros de profundidad, más que las trincheras habituales de 20 metros de largo, 1,30 metros de ancho y 1,20 metros de profundidad. Allí se recuperaron cerca de 1.000 fragmentos, algunos de los cuales permitieron avanzar en las primeras identificaciones.
La campaña 2026 del EAAF comenzó en abril y continuará hasta fines de octubre. Luego habrá una interrupción por cuestiones climáticas y las tareas se retomarán en 2027. La próxima etapa incluirá la revisión manual del sedimento explorado en las ocho hectáreas excavadas en Loma del Torito. Fumagalli afirmó: «Sabemos que son miles los fragmentos que se han recuperado y que muy posiblemente vaya a haber nuevas identidades reveladas». Y concluyó: «Cada elemento, por minúsculo que sea, puede representar una identidad. Entonces no se puede escapar ninguno».
