Mili fue diagnosticada con cáncer de piel avanzado a comienzos de 2025. Su familia optó por cuidados paliativos y, tras su muerte, fundó Huellas del Alma para acompañar a otras personas en el duelo por sus animales de compañía.
A comienzos de 2025, Mili, una perra que vivía con la familia Pérez, comenzó a manifestar problemas en la piel. Los parches calientes que solía tener no se curaban. El diagnóstico fue cáncer de piel agresivo con metástasis y ganglios comprometidos.
La familia y la veterinaria de cabecera decidieron optar por cuidados paliativos. El objetivo era curar las heridas y que la perra pudiera descansar. Mariana Pérez, dueña de Mili, declaró: «Hicimos lo que se podía hacer pero no queríamos que tuviera que enfrentarse a una quimioterapia».
Mariana Pérez se formó en cuidados paliativos y tanatología. En su hogar, la muerte se conversaba abiertamente con sus hijos. Santiago, hijo de Mariana, tenía 18 años durante el proceso final de Mili.
La familia reorganizó el living para armarle una cama a Mili y acompañar su quietud. Mariana permaneció junto a ella en sus últimos días. «Vi cómo se iba apagando su cuerpo, con todo el dolor», relató.
La última noche, Mariana durmió al lado de Mili y los hijos se despidieron de madrugada. A la mañana, la perra respiraba agitada. La veterinaria llegó y se realizó la eutanasia en un entorno de calma y afecto.
Tras el fallecimiento, la familia creó Huellas del Alma, una iniciativa para brindar contención y herramientas a familias que atraviesan la pérdida de sus animales. Santiago se encarga de la comunicación del proyecto. Mariana afirmó: «Hoy Mili es nuestra embajadora. No quiero romantizarlo, pero sí creo que la muerte nos da la posibilidad de mirarnos, de ver dónde están nuestros miedos, y también el amor».
