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Es una de las integrantes del elenco infantil original de Chiquititas, en 1995. Michelle Meeus tenía apenas tres meses cuando hizo su primera publicidad gráfica y continuó trabajando hasta su adolescencia: hizo Un hermano es un hermano, con Guillermo Francella; Alas, poder y pasión, con Gustavo Bermúdez y Paola Krum; tuvo una participación en Jugate conmigo y en varias otras tiras. Hasta que sintió que el cuerpo no le daba y dio un paso al costado.
Estudió profesorado de inglés, odontología y nutrición, tiene un centro de estética, pero siempre siguió relacionada al medio como cantante y hace más de treinta años que hace shows con su hermano, Matías. El 27 de marzo Michelle se presenta en el Teatro Regina con Chufos soñadores, un espectáculo inspirado en las canciones de Chiquititas, y luego hará gira por CABA y la provincia de Buenos Aires.
-¿De qué se trata esta propuesta?
-Esto comenzó el año pasado, cuando se cumplieron los 30 años de Chiquititas y nos visitó el secretario de Turismo de Colón (Entre Ríos) en el streaming que yo hacía. Me propuso ir a la provincia a cantar algunas canciones de la tira, me entusiasmó la idea, reunimos escuelas de danza y armamos una especie de recital bailado. Yo venía de cantar melódico con mi hermano durante muchos años y no había pensado en hacer algo así, pero fue tomando color poco a poco y el proyecto creció. Y mi hermano, Matías Meeus, es el que hace la música porque es músico, cantante, compositor. No usamos, obviamente, las canciones originales. También nos acompañan Carlos Pedevila, otro ex Chiquititas, Cristian Can y Martín Arroyo, que además es mi marido.
-¿Es como un homenaje a la tira?
-En realidad no contamos una historia, simplemente hacemos una reflexión sobre los temas y las letras de Chiquititas, programa del que todos somos fanáticos. Los mensajes de las canciones son hermosos, y eso es lo que queremos dejar: que si te esforzás podés cumplir tus sueños, que podés lograr tu objetivo sin pisar a tus compañeros, y pregonar la importancia de la amistad.
-Pasaron treinta años y Chiquititas sigue vigente, ¿por qué?
-Por esos mensajes y porque otras generaciones lo ven por YouTube. Nosotros vamos a las escuelas y las nenas no vieron el programa, pero sí las madres y las docentes. Las nenas ven Margarita, y a partir de ahí llegan a Chiquititas. Es increíble cómo se fanatizan con los productos de Cris Morena.
-¿Qué recuerdos tenés de Romina Yan?
-Romina era un ser divino, muy sencilla. El personaje de Belén la encuadra bastante bien y maternar le quedaba perfecto. Me acuerdo que con las chicas entrábamos en patota a maquillaje y estaba Romina, que nos dejaba pasar amorosamente. Por ser “hija de” podría haber tenido otra actitud y, en cambio, era muy humilde y amorosa. Era súper tranquila, con una voz dulce, un temple, una serenidad. La verdad, fue una pérdida enorme. Tenía un ángel increíble. Yo la admiraba mucho.
-Sos del elenco original, ¿qué recordás de esos años?
-Todos son recuerdos hermosos. Yo tenía 9 años, pero hacía tiempo que trabajaba en los medios. Lo primero que hice fue una tapa de una revista que se llamaba Regazo. Mi papá tenía una peluquería infantil en Palermo, y una productora me vio cuando yo tenía tres meses y le propuso hacer fotos. De esa tapa me vieron para otra gráfica, y otra y otra, y a los 3 años hice el primer comercial para un banco. Casting que hacía, casting que quedaba elegida, y eso que se presentaban muchos chicos. También desfilé para Ante Garmaz varias veces. Y en Chiquititas estuve 24 capítulos al aire, pero trabajé durante muchos meses con el equipo, primero en los castings y después en los ensayos.
-¿Cómo fue ese comienzo?
-Todo empezó en el ‘94 cuando estaba haciendo un casting en Telefe para un especial para el día del niño que iban a hacer en Jugate conmigo. Cris apartó a veinte chicos, fuimos a una sala de ensayo, nos hizo bailar con la coreógrafa y eligió a algunos; y quedé entre los seleccionados. Hicimos ese especial y después participamos del casting de Chiquititas que hizo Paco Fernández Rosa. ¡Me acuerdo y se me juntan un montón de emociones! Fue el primer programa en el que tenía que grabar todos los días, muchas horas. Mis papás me dijeron en ese momento que era una responsabilidad muy grande y que quizá ya no iba a poder ir a cumpleaños de los compañeros, o a jugar a la casa de amiguitas, y que tenía que hacer la tarea en los breaks. Pero no me importaba, yo estaba feliz porque era todo un juego para mí. Hasta que dejó de ser un juego y empezó una exigencia, sobre todo física.
-¿Y qué pasó entonces?
-Empecé con ataques de pánico, que en ese momento no se llamaban así. Eran ataques de ansiedad. Me costaba tragar, estaba muy despistada en el colegio y en las grabaciones incluso. Estaba flaquita, comía poco. Hasta que mis padres me sugirieron que dejara la tira y enseguida dije que sí. Me acuerdo que Gustavo Yankelevich me llamó a su oficina, me recibió con una gaseosa y un chocolate, muy dulce, y nos preguntó a mi mamá y a mí si estábamos seguras de la decisión. Era una picardía dejar la tira porque le estaba yendo muy bien y quizás mucha gente quería estar en mi lugar. Y la verdad que no tuve dudas. Evidentemente estaba agotada. Así que celebro que mis papás me hayan protegido de alguna manera. Y le hicieron un cierre a mi personaje; lo mandaron a Córdoba, me acuerdo.
-Y santo remedio…
-Sí. Se ve que necesitaba otra cosa en ese momento. Fui a una psicopedagoga, y todo se acomodó. Después hice personajes en otras tiras, pero más pequeños, con menos horas de grabación y por un tiempo determinado. Por ese entonces no había una ley y los chicos grababan muchas horas; capaz entraba al mediodía y eran las diez de la noche y seguíamos ahí. Se ve que el cuerpo no me daba.
-¿Seguís en contacto con gente del elenco?
-Sigo en contacto con Romina Lotoczko que vive en España; ella se fue conmigo del programa. Siempre tuvimos conexión, pasamos una Navidad juntas. Con Cintia Machado, cada tanto por redes, y con Patricio Schiavone también, en algún momento tuvimos alguna amistad y tomamos clases juntos de salsa. Fuimos grandes compañeros.
-Y en algún momento diste un paso al costado, ¿por qué?
-Porque me dediqué más a la música y la actuación pasó a segundo plano. Nunca dejé de cantar. Y nunca me fui del todo. Lo último que hice fue en 2005, en el Teatro Colonial. Estudié comedia musical, me preparé y la música me invadió por completo. Tengo una banda en la que también está mi hermano y hacemos eventos, fiestas, presentaciones. Cantamos melódico, latino.
-¿Y te dedicaste a otra cosa también?
-Estudié profesorado de inglés y durante muchos años di clases en escuelas; de hecho, muchos chicos me conocen como “Miss Michelle”. Después entré en la carrera de odontología, hice un par de años pero no terminé aunque me recibí asistente dental. Tengo un molar tatuado en el hombro; fue una promesa si rendía bien un examen. Estudié nutrición también, y tengo un centro de estética en Almagro. Siempre tuve una doble vida (risas). A veces participaba de cirugías odontológicas y a la noche tenía presentaciones con mi banda.
-Y en el medio te enamoraste, te casaste y fuiste mamá…
-Mi historia de amor es hermosa… De película. Siempre esperé al amor de mi vida y tardó en llegar. Hace ocho años y medio que estamos juntos con Martín y es parte del equipo: está conmigo arriba del escenario. Es abogado en realidad, pero cuando me conoció también descubrió que el artista estaba escondido en algún rincón de su ser. Tenemos muchos amigos en común y especialmente una amiga que es cantante y un día hizo un karaoke en la casa, en un cumpleaños. Y Martín me pidió cantar juntos “Un mundo ideal”. Por años fuimos amigos, pasábamos mucho tiempo juntos, horas charlando y tomando mate, pero no pasaba nada.
-¿Y qué cambió?
-Él después se metió con el coaching y yo me enganché porque tiene muy buena escucha y me súper enamoré. Martín tenía planes de irse a vivir afuera y yo no, así que intenté que nos viéramos menos. Hasta que un día nos dijimos que nos amábamos. Estuvimos de novios tres años y pico, nos casamos hace cinco y tenemos a Benicio, de cuatro años. Tenía un profundo deseo de formar una familia y ser mamá. Ahora voy por el otro sueño que me quedó pendiente cuando era chica. Chufos soñadores es un espectáculo bastante original.
