Un vecino de Villa Lugano, que superó una profunda depresión, lidera desde hace siete años una iniciativa solidaria que reparte comida y contención en su comunidad, reflejando las dificultades y la resiliencia de los barrios populares.
Lionel, de 13 años, se acerca a las casas del barrio buscando comida. No asiste a la escuela porque carece de mochila, guardapolvo y útiles. Su historia, marcada por el abandono y la pobreza, se repite entre muchos niños del Barrio 20, en Villa Lugano.
Allí vive un joven de 27 años, quien, tras superar una crisis personal que incluyó pensamientos suicidas, decidió seguir el ejemplo solidario de su padre. Desde hace siete años, recorre diariamente las calles con un carrito, repartiendo un promedio de 120 porciones de comida que recibe como donación de comercios locales. Para unas 20 familias, ese plato es la única comida segura del día.
«Soy un pibe de la villa. Sé lo que es no tener para comer», afirma. Para financiar su hogar y esta ayuda, desarrolla un emprendimiento de estampados en remeras y tazas, que vende por redes sociales gracias a los conocimientos adquiridos en un curso de marketing digital.
Además de la comida, su labor se centra en la contención. Crea vínculos con los vecinos, especialmente con los jóvenes, a quienes intenta alejar de los riesgos de la calle y concientizar sobre la importancia de la educación. «Hoy, la mayor parte de los chicos no tiene sueños. Lo único que tienen en mente es sobrevivir», reflexiona.
Su compromiso nace de una experiencia dolorosa: la pérdida de su novia por suicidio cuando él tenía 14 años, lo sumió en una fuerte depresión. Como forma de salir adelante y ayudar a otros, creó un grupo de apoyo en redes sociales para jóvenes con problemas de salud mental. «Saber que tenía personas que me necesitaban me ayudó a resistir», recuerda.
Actualmente, aspira a formalizar su ayuda creando una fundación y sueña con retomar la carrera de Psicología en la UBA, que debió pausar por la distancia y su compromiso con el barrio. Su historia es un ejemplo de resiliencia y acción comunitaria en un contexto donde el trabajo formal es escaso y el abandono estatal se siente a diario.
