Un equipo de arqueólogos japoneses utilizó tecnología de escaneo tridimensional para revelar el interior de 40 vasijas romanas que permanecieron ocultas bajo el concreto desde la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.
Pompeya, considerada la ciudad romana mejor conservada del mundo, sigue deparando sorpresas. Gracias a la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C., la ceniza cubrió y preservó su arquitectura durante más de dos milenios. Ahora, un grupo de arqueólogos ha logrado descifrar el interior de 40 vasijas que quedaron cubiertas de concreto en las antiguas tabernas de la ciudad.
En Pompeya no solo había casas y villas; también existían espacios dedicados al ocio, como bares donde los vecinos se reunían para beber vino y socializar. En los mostradores de estos locales, los romanos colocaban grandes vasijas de cerámica que contenían bebidas y alimentos para los clientes. Debido a que estaban incrustadas en hormigón romano, retirarlas sin dañar el patrimonio resultaba casi imposible.
Para resolver este desafío, los arqueólogos japoneses Xinyan Zhao y Yoshiki Hori, autores del estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Method and Theory, aplicaron un escáner 3D de alta precisión. Así lograron cartografiar por primera vez de manera sistemática el interior de estos recipientes milenarios.
“Estas vasijas fueron tradicionalmente excluidas del análisis arqueológico sistemático porque la medición directa es físicamente imposible. Solo los interiores son visibles, mientras que los exteriores permanecen encerrados dentro de la mampostería”, explicaron los investigadores en el artículo.
Entre 2018 y 2020, historiadores italianos habían identificado un mostrador muy bien conservado, dentro del cual hallaron restos de animales, legumbres y otros materiales orgánicos. Ese hallazgo impulsó el interés por estudiar a fondo qué conservaban o cocinaban los romanos en esos lugares.
Los arqueólogos japoneses limpiaron las partículas de tierra y mortero para evitar contaminación, y obtuvieron un modelo tridimensional completo del interior de las vasijas. Los análisis revelaron que los recipientes no son todos iguales: presentan patrones y morfologías distintas, lo que podría estar relacionado con el uso específico que se les daba. “Esta discrepancia sugiere orígenes de producción separados y puede reflejar la reutilización o adquisición a través de circuitos secundarios”, señalaron los autores.
El estudio concluyó que los artesanos romanos fabricaban estas enormes tinajas con un torno lento, construyéndolas por secciones y combinando precisión manual con la eficiencia de la rueda del alfarero.
