La milicia chiita mantiene su influencia y poder de fuego en Líbano, mientras Israel y Estados Unidos presionan al gobierno libanés para que la desarticule.
BARCELONA.– Las negociaciones entre Washington y Teherán se están revelando especialmente largas y complejas. Según filtraciones, existiría un marco pactado que se basa en la reapertura del estrecho de Ormuz en una primera fase, y deja para después la discusión de la cuestión nuclear. Otro escollo es Líbano y Hezbollah, la milicia chiita creada en los años 80 con apoyo de Irán.
En Líbano, las armas no han callado desde noviembre de 2024, pese al alto el fuego firmado. El acuerdo preveía el desarme de Hezbollah al sur del río Litani y la retirada israelí del sur del Líbano. Desde entonces, Israel ha bombardeado Líbano casi a diario durante unos 20 meses. El Ejército israelí afirma que sus objetivos son posiciones de Hezbollah, aunque se han registrado víctimas civiles. Estados Unidos, garante del acuerdo, no ha impuesto sanciones a Israel.
Israel justifica los bombardeos señalando que el Ejército libanés no cumplió con el desarme de Hezbollah. Desde Beirut, alegan que hubo progresos iniciales, pero que Israel no dio tiempo para completar la tarea. La primera ruptura del alto el fuego ocurrió pocos días después.
El desarme de Hezbollah es ahora el eje de la política libanesa y de sus relaciones con Estados Unidos. Los acuerdos de Taif de 1991 ya establecían el desarme de todas las milicias, pero Hezbollah no fue desarmado por su alianza con Siria. En 2006, otra guerra entre Israel y Hezbollah incluyó una cláusula de desarme que nunca se aplicó, debido al poder de Hezbollah y al temor a una guerra civil.
En 2024, Hezbollah entró en guerra contra Israel en apoyo a Gaza, lo que generó rechazo mayoritario en la sociedad libanesa. La milicia emergió debilitada militar y políticamente. Joseph Aoun fue elegido presidente con apoyo de Washington, y su gobierno se comprometió con el desarme de Hezbollah, aunque persiste el riesgo de guerra civil.
Israel y Estados Unidos exigen un desarme acelerado. El gobierno libanés necesita fondos y Washington condiciona la ayuda al desarme. Israel condiciona su retirada del sur del Líbano al desarme de Hezbollah. El gobierno libanés sostiene que necesita demostrar que puede garantizar los acuerdos para que Israel se retire. Hezbollah argumenta que desarmarse sería suicida ante el comportamiento expansionista de Israel, citando la ocupación israelí en el sur de Siria.
Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán incluyen el tema de Líbano. Teherán insiste en que Líbano debe formar parte de un acuerdo global, aunque podría ser una estrategia para obtener concesiones. El futuro de Líbano es una de las incógnitas del conflicto en Medio Oriente.
