En mayo de 2025, la muñeca Annabelle recorrió Estados Unidos en la gira ‘Devils on the Run’, custodiada por un sacerdote y encerrada en un gabinete con una advertencia. La historia de la Raggedy Ann, que comenzó en 1970 en Hartford, Connecticut, se convirtió en un ícono del terror tras ser vinculada a fenómenos paranormales y exorcismos.
En mayo de 2025, una muñeca Annabelle recorrió los Estados Unidos en una gira llamada ‘Devils on the Run’, custodiada por un sacerdote y encerrada en un gabinete con una advertencia pintada a mano: ‘Warning. Positively do not open’ (Peligro. No abran). La persona que construyó esa caja murió poco después. Nadie del equipo que la custodiaba habló de coincidencias.
La muñeca Annabelle no tiene ojos de porcelana ni vestido victoriano. Es una Raggedy Ann de tela, con cabello de hilo color frutilla, medias a rayas y una sonrisa cosida que no cambia. Ese contraste entre su aspecto inofensivo y lo que se le atribuye es el eje de una historia que lleva circulando desde hace más de cinco décadas.
En 1970, una madre le regaló la muñeca a su hija Donna, de 18 años, estudiante de enfermería en Hartford, Connecticut. Donna la colocó en su habitación porque le recordaba a su madre. El departamento lo compartía con su compañera Angie. Las Raggedy Ann eran muñecas comunes en los hogares estadounidenses de esa época. El modelo había sido patentado en 1915 y para los años 70 era un objeto asociado a la ternura infantil. Donna no tenía razones para pensar que ese regalo iba a cambiar algo.
Los cambios comenzaron de a poco. La muñeca aparecía cada día en una posición distinta: las piernas cruzadas, los brazos en otro ángulo, la cabeza girada. Con el tiempo, según el testimonio de ambas jóvenes, empezó a aparecer en habitaciones diferentes a donde la habían dejado.
Después llegaron las notas. Estaban escritas en trozos de pergamino que ninguna de las dos reconocía como propio del departamento donde vivían. Los mensajes eran breves: ‘Help us’ —’Ayúdanos’— o ‘Save Lou’, en referencia a Lou, el novio de Angie. Un día, Donna encontró un hilo de algo parecido a sangre debajo de la muñeca.
La situación escaló cuando Lou comenzó a tener experiencias propias. Primero relató que la muñeca entraba en sus sueños y lo estrangulaba mientras dormía. Después vino algo más concreto: una noche se despertó sin poder moverse, con una presión sobre el pecho. Cuando pudo incorporarse, encontró arañazos sobre su piel: cuatro marcas horizontales y tres verticales. Las heridas desaparecieron al día siguiente, según su propio relato. En otra ocasión, Lou escuchó ruidos en el cuarto vacío de Donna. Entró y encontró solo la muñeca, en un rincón. Sintió que alguien estaba parado detrás de él. No había nadie.
Ante la acumulación de sucesos, Donna y Angie convocaron a una médium. Durante las sesiones, la especialista dijo haber contactado con el espíritu de una niña de 7 años llamada Annabelle Higgins, que habría muerto años atrás en ese mismo terreno y que pedía quedarse en la muñeca para estar cerca de seres humanos. Las jóvenes aceptaron. Le pusieron nombre a la muñeca, le compraron una pulsera, la sentaban a la mesa para desayunar y le hablaban como si pudiera escucharlas.
Ed Warren era investigador paranormal y demonólogo. Lorraine Warren era médium. La pareja llegó al departamento tras ser contactada por miembros de la Iglesia a quienes Donna había recurrido. Los Warren examinaron la muñeca, el entorno y los testimonios. Su conclusión fue que se trataba de una ‘infestación pre-posicional’: la entidad se había vinculado al objeto pero todavía no había tomado el cuerpo de ninguna persona. Sin intervención, decían, la situación podía volverse letal.
Ed Warren convocó a un sacerdote episcopal local y él mismo dio un sermón. ‘No existe ninguna Annabelle’, dijo, según reconstruye el libro ‘The Demonologist’, de Gerald Brittle, publicado en 1980. ‘Nunca existió. Las engañaron. Pero sí estamos lidiando con un espíritu aquí.’ El padre Jason Bradford Cooke realizó el exorcismo: pasó cerca de cinco minutos en cada habitación y ofició uno sobre cada persona presente. A pedido de Donna, los Warren se llevaron la muñeca.
Durante el trayecto desde Hartford hasta Monroe, Connecticut, el auto de los Warren presentó fallas en los frenos y en la dirección. Según el libro ‘The Demonologist’, la causa era ‘el odio vicioso de Annabelle’. Los problemas cesaron después de rociar el interior del auto con agua bendita.
Chris McKinnell, nieto de Ed y Lorraine Warren e investigador paranormal con más de 10.000 casos en 45 años, señaló el momento en que las chicas sentaron a la muñeca a la mesa como el error central. ‘Les dieron personalidad, historia y un andamiaje para construir’, dijo. Para él, el miedo y la atención crean entidades. La interpretación de los Warren fue coincidente con lo que el nieto dijo más tarde: la entidad no era una niña. Era un ser demoníaco que había usado esa apariencia para generar empatía y obtener permiso para instalarse en el objeto. Al darle nombre y afecto, las jóvenes lo habían habilitado sin saberlo.
McKinnell desmiente el episodio del auto de los Warren. Dice que nunca ocurrió. También señala que los nombres de las protagonistas varían según la fuente: él llama ‘Debbie’ a la dueña original, mientras que Brittle la identifica como ‘Deirdre Bernard’. El periodista de la revista Esquire que investigó el caso no pudo confirmar la existencia de ninguna de las dos. Los Warren afirmaron tener grabaciones de actividad paranormal, pero nunca las presentaron públicamente. McKinnell explicó las contradicciones con una observación: ‘Historias como la de Annabelle eran parte de sus vidas mucho antes de que fueran figuras públicas, así que no había necesidad de inventar detalles’.
Una vez en la casa de los Warren en Monroe, Annabelle no se quedó quieta. Se la encontraba en posiciones distintas, se escuchaban sonidos que algunos describían como gruñidos, y aparecía en habitaciones donde nadie la había dejado. Un sacerdote que visitó la casa y se burló de la muñeca sufrió un accidente grave al salir. Para contenerla, los Warren la encerraron en una caja de vidrio reforzado con la advertencia impresa y una versión del Padre Nuestro en el exterior. Lorraine, según McKinnell, detestaba la muñeca. ‘Todos los otros objetos del museo estaban dispuestos para tocar, excepto Annabelle’, recordó. ‘Era lo único que estaba atado’. Así nació una de las piezas centrales del Occult Museum, el museo privado que la pareja organizó en el sótano de su casa. Miles de visitantes desfilaron por allí. Un caso que circula con frecuencia en la narrativa oral es el de una pareja de motociclistas que se burló del cartel de advertencia: poco después chocó, y el hombre murió. Ninguno de esos relatos fue verificado de forma independiente. Un sacerdote visitaba el lugar dos veces al mes para bendecir la muñeca. El museo cerró en 2019 por cuestiones de regulación. Ed Warren había muerto en 2006 y Lorraine en el mismo año del cierre.
Cuando el director James Wan incluyó a Annabelle en la escena de apertura de ‘El Conjuro’, en julio de 2013, la muñeca no era el foco principal. La historia central seguía a los Warren en el caso de la familia Perron. Annabelle aparecía al comienzo para presentar a los investigadores y mostrar la dimensión de su trabajo. El efecto fue inmediato. La muñeca concentró gran parte de la atención del público. Un objeto doméstico asociado a la infancia, sacado de su contexto, resultó más perturbador que cualquier criatura diseñada para asustar. La incomodidad no venía de lo que hacía sino de lo que era: algo familiar convertido en amenaza. La versión cinematográfica no tiene nada que ver con la original. En la pantalla es de porcelana, con ojos vidriosos y fijos y grietas en la piel. La Raggedy Ann de trapo fue reemplazada por una figura construida desde cero para incomodar. El rediseño fue una decisión deliberada: la muñeca real no resultaba amenazante en pantalla. La apuesta dio resultado. La franquicia derivada produjo ‘Annabelle’ (2014), ‘Annabelle: Creation’ (2017) y ‘Annabelle Comes Home’ (2019). El universo ‘Conjuring’ completo acumuló más de 2.800 millones de dólares en recaudación y se convirtió en la franquicia de terror más taquillera de todos los tiempos. La película más reciente de la saga, ‘The Conjuring: Last Rites’, estrenada en septiembre de 2025, recaudó cerca de 500 millones de dólares por sí sola.
La gira ‘Devils on the Run’ fue organizada por la New England Society for Psychic Research (NESPR), fundada por los Warren en 1952. Annabelle viajó desde Maine hasta Louisiana, pasó por Pensilvania y Texas y fue exhibida junto a otros objetos del museo: un piano de un sacerdote atormentado, un espejo para invocar espíritus y la llamada Shadow Doll, que según los organizadores infiltra los sueños con pesadillas. Las entradas para estar a pocos metros de Annabelle costaban alrededor de 50 dólares, por encima del precio de ingreso a cada convención. Decenas de miles de personas pagaron. Haley Michelle, una influencer del mundo paranormal que llevó su propia muñeca al encuentro en Maine, describió la experiencia como ‘electrizante, como encontrarse con una celebridad reconocida’.
En mayo de año pasado, mientras la gira estaba en Nueva Orleans, se produjo un incendio y una fuga masiva de una cárcel de la ciudad. Las redes sociales conectaron ambos eventos con la presencia de la muñeca. Los rumores de que Annabelle había escapado de su caja se multiplicaron en TikTok. La ciudad de Chicago empezó a prepararse, según los mismos foros, para lo que vendría después. Tony Spera, yerno de los Warren y responsable de la NESPR, desmintió todo. ‘Esa muñeca nunca estuvo fuera de nuestra vista, nunca fuera de nuestro control’, declaró. La caja permanece asegurada con cruces y agua bendita en todo momento, y Annabelle nunca estuvo en Chicago. En la página de Facebook de la empresa de tours Ghost City Tours, que organizó la visita en Nueva Orleans, un usuario escribió: ‘Ed y Lorraine les dijeron que la mantuvieran encerrada. Nadie escuchó. Miren las consecuencias.’
Para los creyentes, Annabelle es un caso documentado de posesión demoníaca, respaldado por testigos y décadas de testimonios. Para los escépticos, es una construcción sin pruebas empíricas, sostenida por relatos orales contradictorios y amplificada por el cine. McKinnell, que creció con la muñeca en la casa y admite haberle tenido miedo desde chico, la ve como una tulpa, término de origen tibetano que describe una entidad generada por el poder colectivo de la imaginación. ‘Annabelle es peligrosa si tu energía interactúa con la suya’, dijo. ‘No es un ser todopoderoso, pero hay que tratarla como a una cobra. No te acerques lo suficiente como para que te lastime.’ Los sectores académicos y religiosos escépticos describieron el museo de los Warren como un entorno más cercano a una atracción temática que a un archivo de evidencia. La pregunta de si alguna vez ocurrió algo real en ese departamento de Hartford sigue sin respuesta verificable.
