El filósofo argentino Alejandro Piscitelli participó en Lima del V Encuentro de la Red STEM Latinoamérica, donde advirtió que la mayoría de los usuarios de inteligencia artificial la utilizan para automatizar tareas y no para amplificar sus capacidades cognitivas.
El filósofo argentino Alejandro Piscitelli participó como ponente en el V Encuentro de la Red STEM Latinoamérica, organizado por la fundación internacional Siemens Stiftung, que se realizó en Lima, Perú. El evento reunió a especialistas de la región para debatir sobre la transformación educativa frente a la inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas necesidades de aprendizaje.
Durante su exposición, Piscitelli afirmó que «menos del 1% de la población usa la IA para amplificar la inteligencia». Según el filósofo, la mayoría de los usuarios emplea la herramienta para automatizar procesos, lo que ahorra tiempo pero no aprovecha el potencial de la tecnología.
Piscitelli señaló que la educación tradicional «no funciona por su estructura rígida, aislada y segmentada, y debe transformarse». En su opinión, el sistema educativo basado en respuestas cerradas debe evolucionar hacia la formulación de nuevas preguntas. «Estamos viendo rendimientos educativos muy malos en todo el mundo, en las pruebas estándares, en las pruebas PISA, en las pruebas de aprendizaje. Estamos midiendo con criterios del pasado cosas del presente», declaró.
El filósofo destacó la necesidad de una alfabetización digital que permita a las personas usar la IA de forma autónoma y crítica. Diferenció entre automatizar tareas y amplificar capacidades humanas con IA, y sostuvo que más del 99% de los usuarios realiza la primera opción.
En el ámbito laboral, Piscitelli mencionó dos tesis en discusión: que la IA terminará con todos los trabajos a corto plazo, y que las personas consideran que el trabajo les da su identidad. Señaló que en los últimos cuatro años la IA afectó a los trabajos de practicantes y pasantes en empresas. «En Estados Unidos se perdieron como medio millón de trabajos de estos por año, que era el primer trabajo, mal pagado, pero el primero. Y esto porque la inteligencia artificial puede reemplazarlos», afirmó.
También indicó que algunas empresas despidieron personal y luego debieron recontratarlo, porque «la inteligencia artificial sigue alucinando un montón. La máquina falla un montón y la única forma de darse cuenta de estos fallos es con gente que va a tener criterio, gente que tiene no solo una carrera universitaria, sino que tiene habilidades para discutir, habilidades para contrastar».
Piscitelli consideró que en el corto plazo, de unos quince años, no se terminarían los trabajos por la IA. Sin embargo, planteó un escenario hipotético en el que, si esto ocurriera, «las cosas no van a valer prácticamente nada, y la gente va a tener un ingreso básico universal».
El filósofo concluyó que el foco debe estar en cambiar la educación para evitar una humanidad automatizada, no pensante y acrítica. Propuso educar a los jóvenes para imaginar futuros alternativos: «¿Por qué no puede haber un futuro que no esté controlado por la inteligencia artificial? ¿Por qué no puede haber un futuro que no quede en manos de tres billonarios o trillonarios, que decidan lo que les da la gana sobre cómo tiene que ser el destino del mundo? ¿Por qué no podemos imaginar que si queremos ir a Marte, lo podemos hacer en términos no de colonizar o explotarlo, sino como experiencia como tal?»
